Normas cárnicas son debido a historia del país
LA REPUBLICA consultó a Daniel Cazet, director de Contralor Interno de INAC, una dirección que está encargada del control de la carne, luego que el producto sale de las plantas de faena. El jerarca contó que la repartición que dirige realiza la tarea de inspección en todo el territorio nacional. El trabajo incluye la inspección de los vehículos de transporte, las guías de traslado y comercialización de la carne, que para estar habilitada para el consumo debe haber pasado por la inspección veterinaria, en la planta. Cazet contó que al animal se le realiza una autopsia para confirmar de modo científico que su carne es apta para el consumo. El jerarca recordó que la habilitación de las plantas, y la inspección del animal dentro del frigorífico son tareas del MGAP. En este punto aclaró entonces que ninguna intendencia puede dar permiso para faenar animales.
Abigeato
Luego de la dictadura se le quitó a INAC la tarea de habilitación de las carnicerías en el interior del país, aunque sí controla el origen y la calidad de la carne que expenden.
El instituto colabora con el Ministerio del Interior, en la investigación del robo de ganado, ya que, según Cazet, la experiencia indica que el abigeato y la faena clandestina van de la mano. «Cuando tenemos denuncias vamos con la Policía, controlamos si la carne que se está vendiendo tiene guías y fue procesada en un matadero habilitado».
Hace cuatro años INAC ha comenzado a aplicar pruebas de ADN, para rastrear la carne de animales robados, análisis que se hace con costo del instituto y que ha servido para aclarar varios abigeatos.
Pocos kilómetros
En los últimos meses, se han realizado denuncias que señalan que en Uruguay existen poblaciones desabastecidas de carne, Cazet consideró que la red vial de nuestro país, la cantidad de industrias sobredimensionada para la faena determinan que «no existan problemas de abastecimiento». Construir un matadero pequeño, que cumpla con todas las exigencias tiene un costo aproximado de US$50 mil, inversión que económicamente no se justifica cuando el nivel de faena es bajo, consideró el jerarca.
Existe sin embargo una cultura arraigada en el interior del país y es que a muchos vendedores les gusta matar sus propios animales, para Cazet esta es una elección comercial, genuina, pero que no tiene relación con la necesidad de la población.
Bien común
En las denuncias, también se ha expresado que INAC favorece a los grandes empresarios de la carne, Cazet explicó que las normas que deben cumplir productores, mataderos, distribuidores y carniceros no se hicieron en un día, con el objetivo de favorecer a uno o varios empresarios, por el contrario han surgido de la evolución del conocimiento y la investigación de los técnicos del país, «es la inteligencia, el conocimiento que el país sabe agregarle al producto y es la esencia que le ha permitido estar habilitado para exportar a casi noventa mercados».
Cazet consideró vital que se entienda que la línea mundial en el aspecto de los alimentos va en el sentido de que estos sean inocuos para las poblaciones y para conseguirlo hay que aplicar reglas que «a veces pueden parecer excesivas, pero se avanza por esa línea».
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