EL ATAQUE AL REAL AUMENTA EL RIESGO REGIONAL
Algo de ello anticipó ayer el subsecretario de Economía, Andrés Masoller, cuando informó que el gobierno aún no estaba en condiciones de desestimar que se pudiera producir una recesión técnica en dos trimestres sucesivos del año en curso. Afortunadamente, en los dos últimos días se han producido algunas variantes auspiciosas en los mercados internacionales, las cuales introducen en esa perspectiva de programación una expectativa de optimismo mínima.
Sin embargo, la reprogramación tiene en cuenta la progresión de riesgos que se ha ido internalizando en la región, a la cual está estrechamente asociado el riesgo soberano del país, su tipo de cambio real y el nivel de actividad.
Por su dominancia, el foco de atención vuelve a desplazarse a Brasil luego que, en febrero, las expectativas y los resultados de las principales cuentas nacionales norteñas habían cerrado bien. Ya en marzo, la fuerte caída del PIB en el último trimestre de 2008 obliga a revisar el crecimiento brasileño previsto para 2009, ya mínimo en términos nominales (1,5%) y negativo en términos per cápita. Ello y el que se hayan dado a conocer públicamente los términos de la discusión entre la presidencia y el BCB respecto a la conveniencia o no de bajar más significativamente la tasa de interés, ha provocado una recreación de los ataques especulativos a la moneda brasileña. En la primera semana de marzo ha vuelto a producirse una salida neta de dólares, lo que acumula un saldo negativo del flujo cambiario no compensado por el ahora más escaso superávit comercial. En el bimestre enero-febrero, la salida neta de dólares ascendió aproximadamente a 2.200 millones.
Las implicancias de estas tendencias se extienden a nuestro entorno comercial en la región a través de una presunción de aumento del conflicto y el proteccionismo comercial bilateral con Argentina, en el cual quedamos atrapados. Pero, además, los riesgos devienen de una recreación del riesgo de una devaluación mayor del real. Uruguay no está en condiciones de seguir una devaluación de mayor envergadura manteniendo un tipo de cambio real bilateral igual o mejor que el actual.
El límite está dado por las posibilidades de la política monetaria brasileña, capaz de neutralizar con mucha mayor eficiencia y rapidez que la uruguaya el efecto de una eventual macrodevaluación sobre la inflación interna. Dado que Uruguay no puede maniatar los precios internos sin que sigan la devaluación nominal del peso, como sí lo puede hacer Brasil, la flotación del dólar no podría compensar los fuertes impactos negativos derivados de una pérdida de competitividad similar a la que sufrimos en 1999; el aumento de los precios uruguayos ajustados al dólar compensaría cualquier devaluación nominal. Imaginen si incorporamos el impacto sobre Argentina y sus derivaciones…
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