ANALISIS NACIONAL

SE ESPECULA CON LA POLITICA MONETARIA Y CAMBIARIA

Mientras se aguarda el índice de inflación de febrero que publicará el INE en la tarde de hoy, aumentan las discrepancias sobre la pertinencia de mantener el leve retraso cambiario o estimular indirectamente el aumento del dólar.

Más allá de su calidad, las encuestas de expectativas que el BCU publica mensualmente son una referencia obligada para que el sector privado coloque en las celdillas de las planillas de sus flujos presupuestales el tipo de cambio, la inflación o ese nivel de actividad que tendrá el mercado en el mediano y largo plazo. De todo lo que informan esos documentos, la estimación de inflación y el tipo de cambio que tendrá el país, en el curso de 2009 principalmente, se constituyen en las variables relevantes. Y estas estimaciones tienen en las encuestas un grado de dispersión en relación con el promedio o mediana, suficientemente amplia que hay que atender. Guiarse en el ámbito privado con el voluntarismo propio de la política supone asumir riesgos elevados.

De hecho, hace más de dos años que ni las metas oficiales de inflación ni las expectativas del sector privado medidas por estas encuestas se verifican en la práctica.

La explosión de la crisis internacional data setiembre octubre pasado y no puede ser una explicación en ese continuo de desvíos de metas, expectativas y realidades.

Ahora todo es más incierto aún, independientemente de lo cual subsiste esa sintonía de afinidad entre las metas expuestas en materia económica (en casi todas), y la previsión privada de escenarios próximos. Sin embargo, más allá de los números que arriesgan unos y otros, comienza a aparecer una disidencia mayor sobre el rumbo de la política económica y, particularmente, en la dirección que habrá de adoptar la estrategia del gobierno en materia monetaria y cambiaria.

La apertura mayor de la discrepancia oscila entre quienes creen que el gobierno intentará mantener la devaluación que permita nivelar las cuentas externas más algún punto capaz de sostener el nivel de actividad aún a riesgo que aumente la probabilidad de disparar la indexación automática si la inflación sobrepasara el 10% en algún momento del año, y aquellos que confían en que el gobierno mantendrá la prelación de la estabilidad como objetivo de política.

Por ahora, la gente y las empresas prefieren aumentar sus compras y retención de dólares. Los resultados fiscales de enero estimularán esta conducta.

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