¿Desacople o no?: esa es la cuestión
Como sucede casi siempre, la realidad suele ser más compleja que las teorías que intentan explicarla. Este parece ser el caso de la teoría de la, a esta altura famosa, teoría del desacople. A grandes rasgos, mediante este enunciado se señalaba que las economías emergentes, fundamentalmente los Brics, es decir las de mayor desarrollo relativo, como Brasil, China, India y Sudáfrica podría desacoplarse o desengancharse totalmente de la debacle por la que transitaba la locomotora estadounidense.
Afinando el ojo
No cabe duda que a la luz de los acontecimientos esto no parece ser lo sucedido. Al menos no a rajatabla. Para ello basta ver los efectos en las exportaciones, en los mercados locales de empleo, en la salida de capitales y la merma en los flujos de inversión externa, etc, etc, etc. Muy bien, pero, no obstante estos datos relevantes de la cruda realidad económica mundial, existen voces que nos acercan otra perspectiva por demás interesante. La coyuntura actual y la forma de reacción de estas economías de la periferia del sistema, sugieren que en algún aspecto esta teoría, rápidamente descartada por muchos, tiene algunos visos de verosimilitud atendibles. Es que si afinamos el ojo veremos que si bien ciertos impactos de la crisis global son inevitables, no es menos cierto que la intensidad de los mismos y, quizás más importante aún, sus efectos sobre la esfera de lo social, lo institucional y lo político en muchas de los países centrales es infinitamente superior a lo que está ocurriendo en los países emergentes. Tal es la diferencia que, y siempre en términos relativos, podríamos hablar efectivamente de la existencia de ciertos grados de desacople.
Si de magnitudes hablamos
Basta ver la magnitud de la debacle en las economías centrales como EEUU, Japón, Alemania, Francia y España, para citar los más importantes. La interminable cadena de salvatajes y su versión más reciente que, como salida de un programa político de la izquierda vernácula y sesentista, apela a la nacionalización lisa y llana de la banca. Y no ya de entidades financieras de escala local sino de verdaderos popes globales de las finanzas, como el mismísimo Citigroup. Situación similar se sigue viviendo en el Reino Unido y buena parte de la zona euro. Ayer nomás se conocía que el Estado francés se hará «probablemente» con el 20% del capital del futuro grupo «Caisse d’épargne/Banque populaire» (Caja de Ahorros/Banco Popular), que se convertirá en el segundo banco del país.
Aguantando el mostrador
Mientras tanto, y sin minimizar los impactos y las secuelas que seguramente seguirán golpeando las economías emergentes, lo cierto es que Brasil, por ejemplo, pudo resistir una brutal sangría de capitales que paradojal y lentamente comienzan de nuevo a fluir hacia su economía, alentadas por la solvencia en la resolución de los problemas y la ampliación del plan de obras públicas cuya escala, en un mundo como el actual son por demás seductoras.
China, con su peculiar sistema político, cuenta con formidables sumas de reservas y es el principal acreedor de EEUU, por lo que su implicancia y el rol a jugar en la salida de este descalabro es también peculiar. Con que China deje de ahorrar un poco y Estados de gastar otro, el sistema percibirá que no está tan lejano un nuevo punto de equilibrio. Visto de este modo, la teoría del desacople emergente, podría al menos ser reformulada como de «desacople relativo».
Hasta cierto punto
En este sentido el propio Luis Alberto Moreno, presidente del BID dijo esta semana en entrevista a la cadena británica BBC: «Esa idea que había de que los mercados emergentes de Latinoamérica o Asia se habían desenganchado de lo que pasaba en el resto del mundo es cierta hasta cierto punto». Sea como sea, en un momento en que la ambigüedad de los datos cuestiona incluso los instrumentos que nos los proporcionan, lo más aconsejable parece no precipitarse en conclusiones de carácter absoluto y acostumbrarnos a transitar por el molesto sendero del relativismo.
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