URUGUAY PRODUCTIVO Y APERTURA DEL CAPITAL
Algunas empresas emblemáticas del complejo exportador tradicional han comenzado a sufrir dificultades ya no sólo en la coyuntura sino en su perspectiva de riesgo de largo plazo. Hay un caso notorio y muy ejemplar en la cadena de los lácteos, que bien puede considerarse el extremo de un esfuerzo combinado de gestión profesional y elevada protección, funcional con ese esfuerzo. De alguna manera, en los trayectos recientes, el riesgo de sustentabilidad de los proyectos del capital nacional ha venido creciendo. Esta constatación que la crisis ha puesto en evidencia dramática debería sugerir un nuevo pragmatismo desde el cual corregir las caras políticas de promoción de la inversión.
Ya veremos lo que ha sucedido en la crisis una vez advenga una estabilidad mayor. Pero es obvio que entre los ganadores y perdedores de la emergencia habrá una división nítida entre aquellas en las cuales el origen del capital mayoritario está asociado a modelos de negocios globales, institucionalidad sólida, gestión profesional, elevada transparencia en la comunicación con los mercados de valores, y aquellas que no han querido o podido abrir su capital.
El Uruguay productivo que este gobierno ha procurado imponer en sus políticas con mucho esfuerzo, renuncias fiscales y otros costos elevados. Más allá del tipo de salida que tenga la crisis actual hay una evidencia de consenso en el análisis internacional: el mundo será diferente y los márgenes serán menores. Uruguay no es un país que pueda volver a modelos de alta productividad de tipo asiático. Habrá que ir pensando en algunos cambios fuertes en el sistema de promoción de la inversión, mucho más calificados por riesgo de sustentabilidad y, en tanto, dotados de estímulos completamente diferentes para garantizar sus resultados en una internacionalización mayor. La que, vale reiterarlo, no tiene por qué estar reñida con la defensa del capital y el trabajo nacional. Pero de otra manera.
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