ANALISIS NACIONAL

INFORMACION Y REALIDAD, DESVIO CRECIENTE

Se crea en sus cualidades o no, el mercado tiene su propia lógica y hay que respetarla. Es demasiado peligroso insistir cotidianamente en una peculiar forma de traducir las señales para intentar conciliarlas con tal o cual discurso político. En la medida que nos vamos internalizando en las crisis y la campaña electoral, este problema comienza a ser serio y, al menos, vale tenerlo en cuenta.

Es obvio que en la medida que nos acerquemos a octubre, el desvío informativo de la realidad aumentará. La información tiene un alto potencial en la formación de expectativas económicas y esto vale también para la política. Sin embargo, hay que saber que ese desvío tiene un costo moral y real enorme: la relación entre distribución del ingreso y calidad de información disponible es absoluta. Eso se sabe y cada cual cargará con su parte. Pero el problema, ahora, ya no se reduce a la cuantía de ese costo de interpretación terriblemente discriminante. El problema es el riesgo de la subsistencia de implícitos de diagnósticos relativamente complejos, que el gobierno no parece capaz de explicar suficientemente cuando adopta correcciones fuertes de sus políticas más o menos comprendidas. Incapacidad para sobreponerse al riesgo de quedar atrapado en la política; explicación omisa o pobre que deja lugares en los cuales se instala la especulación.

Eso es lo que está sucediendo con la política monetaria y cambiaria. Si el BCU ya tiene dificultades serias con los canales de traslado de la tasa de interés, más dificultades tiene aun al despreciar la argumentación que desde las corporaciones, la oposición o desde el interior de la misma fuerza política que apoya al gobierno, critica y especula diariamente con los resultados de esa política.

Si la política monetaria y cambiaria no se fundamenta con más instrumentos y convicción, se estará propiciando la aparición constante de temas menores, pero de elevado impacto en la formación de expectativas. El ejemplo de estas horas es el salarial. Es tal el desvío de realidad que cualquiera podría pensar que el ingreso real de las familias uruguayas pudiera ser definido por el aumento del salario nominal combinado con un tipo de cambio «competitivo» en un país que carga con una de las mayores inflaciones de Occidente.

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