ANALISIS NACIONAL

LA INFORMACION QUE EL  BANCO CENTRAL PROPORCIONA

El Banco Central debe dar señales más fuertes que un mero aumento de una tasa; el que, en sí, no ayuda en demasía a enfrentar un rebrote inflacionario que nos está poniendo a todos nerviosos. Y las debe producir en el área de la información. Es, precisamente, en esa área en la cual la ciudadanía tiene derecho a pedirle al BCU y a cada uno de los profesionales implicados en el análisis y la toma de decisiones, una correspondencia estricta con las responsabilidades que han asumido.

La información que genera el BCU ya no sólo es escasa; sencillamente, es mala. Los términos son un poco fuertes pero ¿qué calificativos debería utilizar quién asume responsabilidades en materia de comunicación y se ve expuesto a multiplicar errores u omisiones editando información oficial? Los comunicados del Copom, explicando lo que sucede realmente con la inflación, son evasivos; ya no disponemos del Informe de Política Monetaria ­el aporte más calificado para la composición de expectativas; tampoco hay conferencias ni papers de sus Directores y, continúan sin ser habilitados o inducidos a exponer públicamente sus principales funcionarios…

Este no es un problema de efectos abstractos vinculados con la forma particular que tienen los reguladores de hacer lo que tienen que hacer; es un problema práctico que induce a errores y ya no sólo afecta la «reputación» de una Institución que la venía recobrado con esfuerzo, luego de la debacle de 2002. Un ejemplo de lo que le sucede a la sociedad cuando las instituciones principales fallan en el cumplimiento de su misión es posible observarlo en lo siguiente. Hay centenares de empresas públicas y privadas que estructuran sus planes y flujos de caja utilizando anuncios de metas oficiales y expectativas. Las pautas salariales se han negociado con esos parámetros, incluso… Las expectativas privadas de inflación o tipo de cambio que el BCU recepciona mensualmente y legitima publicándolas, no tienen nada que ver con lo que en realidad se verifica luego.

Los gerentes financieros de los mismos inversores consultados conocen ese defecto de información y lo utilizan cuando licitan en el mercado de letras.

El BCU no califica ni nos ofrece un ranking de respuestas nominadas de los informantes, dado lo cual, la mediana legitimada de esas respuestas, aparece como un parámetro obligatorio para empresas que no tienen equipos de analistas propios. El BCU hace dos años que no cumple sus metas, hace dos años que las consultoras suponen que ese compromiso se va a cumplir y «siguen» la meta/estimación del BCU; hace dos años que otros, que manejan información más real, están especulando con éxito en el mercado; hace dos años que la inflación opera como un impuesto distorsivo; hace dos años, en suma, que el BCU no puede hacer lo que sabe que tiene que hacer. Al menos en materia de información.

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