PROHIBIDO PARA NOSTALGICOS

AÑO NUEVO EN LA GIRALDA

En el viejo Montevideo, los vecinos que aún no rendían culto a los dioses de entrecasa como Paco Casal o Tinelli empezaban el año con el primer día de aquel almanaque con la foto de Valentino. Sonaba bajito la vitrola RCA Víctor que tenía la Confitería La Giralda de 18 y Andes. Mientras tomaban una suave ginebra de porrón, el tema obligado de la tertulia era la inminente demolición de esa confitería y la construcción de un gigantesco edificio con una luz en su torre. La plata la ponían entre la familia Salvo y unos accionistas italianos que además traían al arquitecto, el misterioso señor Palanti que decían era adepto a la alquimia y al esoterismo. Otros de esos parroquianos de La Giralda comentaban que como andaban medios «cortos de vista» aprovecharían esos días tranquilos del inicio de enero para visitar al renombrado doctor French. Fue un óptico que fabricaba excelentes monóculos y lentes a precios muy accesibles. Su instituto ocular estaba ahí cerquita, por 18 a pasitos de Andes y su fama llegó a Buenos Aires de donde legaban celebridades como el joven actor Muiño que era muy corto de vista. Todos salían viendo mejor luego de consultar al doctor French que le puso lentes a montevideanos y porteños. Y como marcaba la tradición europea, para tener suerte en el año nuevo había que empezarlo con ropa nueva. Los dueños de la enorme tienda de Sarandí y Bartolomé Mitre llamada La Nueva Sirena ofrecían en enero una gran liquidación de ropas nuevitas que no habían vendido en las tradicionales fiestas. Así todos los montevideanos podían tener ropa impecable y nueva para comenzar el año con la buena fortuna. La Nueva Sirena fue la iniciadora de una tradición de grandes tiendas que ofrecían trajes a los caballeros, vestidos a las damas y linda ropa de niños. Y no faltaban los casimires ingleses y las sedas para los vestidos de novias. Muchos de esos elegantes parroquianos de La Giralda que ahora escuchaban en la famosa vitrola el último disco de Roberto Firpo, se vestían en lo de Francisco Camarano. Era una soberbia sastrería de 18 y Convención que además de excelentes casimires, a medida, vendía sombreros muy a la moda como los veraniegos «ranchos» de paja. Por Agraciada y San Fructuoso, la Tienda Figari también hacía grandes liquidaciones en los inicios de un nuevo año para luego, a partir de marzo, renovar íntegramente su stock de ropas y valiosos cortes de telas importadas. Las muchachas casamenteras por esos días apuraban sus largos noviazgos y aprovechando que sus galanes estaban alegrones por el clericó findeañero les sacaban adelante de la familia la promesa de casorio para ese año que comenzaba. Y en las primeras semanas de enero ahí estaban los tortolitos eligiendo muebles en la Ciudad Vieja en el comercio de don Felipe Monteverde. Una mueblería de 25 de Mayo en esquina con Solís que fue muy visitada y dio comodidad con sus dormitorios y comedores a infinidad de hogares de antaño. Ya caía la tarde y los caballeros de La Giralda salían despacio y cruzaban 18 y Andes. A sus espaldas sonaba el disco con la última novedad del dúo Gardel y Razzano. Al llegar a Mercedes, miraban los grandes carteles que anunciaban la presencia del gran pianista Rubinstein en el teatro Urquiza. Tiempos del ayer cuando el año empezaba, el 1º de enero y todavía nadie esperaba la llegada del último ciclista. Con más recuerdos y música los esperamos en la 30, Radio Nacional.

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje