Encrucijada. El año 2009 exigirá esfuerzo adicional de todos

Dos semanas para afirmar la estabilidad

Mientras el país se prepara para mantener niveles de actividad que permitan sortear las tempestades externas, las oficinas técnicas del Ministerio de Economía y del Banco Central trabajan para adecuar la nueva política económica y monetaria a la nueva coyuntura pero asegurando un marco de estabilidad adecuado.

Desde mediados de octubre, cuando se percibió que la crisis global continuaría siendo el marco de referencia por un tiempo más extendido que el previsto inicialmente, el Poder Ejecutivo y el BCU acordaron flexibilizar la política monetaria suspendiendo la exigibilidad de metas que pudieran dificultar los movimientos diarios del ente regulador para eliminar los picos de volatilidad que sufrirían los precios principales de la economía.

 

La nueva referencia

La tasa de interés como meta mensual explícita, capaz de orientar al mercado en relación con la cantidad de dinero existente en plaza, fue sustituida por otra, no declarada ni explícita, pero que todos los analistas advirtieron de inmediato era la nueva referencia: el precio del dólar.

El país llegaba a los umbrales de escenarios más estresados con la fortaleza de un tipo de cambio flexible, capaz de ajustar casi automáticamente las dificultades que el país comenzará a sufrir en su sector externo. El mayor déficit del comercio y la cuenta capital pudiera ser neutralizado mediante un ajuste relativamente automático, mediante un aumento del tipo de cambio, derivado a la vez, de la menor oferta interna de dólares. Consecuentemente, el nivel de actividad tendería a sostenerse sobre la base de un tipo de cambio real que, además de ese ajuste no recogiera incrementos desmedidos de los costos internos.

 

Inflación y competitividad

En el esquema, la inflación, tal cual lo sostuvo el viernes el ministro Alvaro García, no sólo no dejaba de ser un objetivo principal, sino que concita aún más preocupación del gobierno que en el período previo. Uruguay no puede perder competitividad externa debido a que la inflación originada en el interior del país elimine las ventajas del aumento del tipo de cambio nominal, o sea de una mayor devaluación permitida o propiciada por la política. Otras necesidades emergentes de la evolución de la confianza y la capacidad de manejo de la deuda de corto plazo en pesos le imprimen a ese objetivo estabilizador urgencias nuevas.

 

La historia reciente

El debate de los profesionales que deben recomendar ajustes de la política monetaria y cambiaria del gobierno tiene una fecha de finalización próxima. Dado que el gobierno ha anticipado claramente que no modificará la meta inflacionaria hoy ubicada en el rango del 3% al 7% y sabiéndose que la reputación del BCU será clave en la gestión de crisis que se avecina, el gobierno deberá producir señales que permitan mantener y mejorar las expectativas sobre la capacidad de manejar una mayor devaluación, en un marco de estabilidad de precios adecuada a la meta expuesta. Antes que el próximo 10 de enero se reúna el Cómite de Política Monetaria y quizás, previamente, el de Coordinación Macroeconómica MEF/BCU, esos profesionales deberán hurgar en la teoría y la experiencia de las veinticuatro semanas posdevaluación de julio de 2002 para convencer al mercado, incluyendo a los trabajadores que se podrán compatibilizar esas metas de nivel de actividad cercanas a crecimientos del 3% ,con una inflación que oscile en el techo de la banda que será ratificada como meta.

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