Barril sin fondo
El oro negro. Todavía, el principal responsable de mover al mundo y uno de los más anchos canales de vulnerabilidad y dependencia externa de nuestra economía, ha tenido en las últimas semanas una caída proverbial en sus cotizaciones. Tal es así que esta semana cerró a 33,87 dólares por barril, su nivel mas bajo desde principios de 2004.
Esta pronunciada baja, producto de la crisis internacional y los datos sobre el desempeño de algunas de las principales economías del primer mundo, viene precedida de anteriores picos burbujeantes que lo llevaron al entorno de 150 dólares, lo que implicó que se le propinaraa nuestras finanzas un alto sobrecosto, principalmente a través de UTE y Ancap.
¿Dónde está la cota inferior de esta depreciación? Nadie lo sabe a ciencia cierta. Sin embargo, diversos analistas estiman que para los primeros meses del año que viene podría llegar a 25 dólares. Pero también advierten que es de esperar un rebote hacia precios altos.
Marcando en zona
Vista la situación, ante un derrotero tan inestable, la actitud que aparece como más sensata y racional es justamente no pegarse in extremis a cada movimiento, a cada amague o finta que un mercado desquiciado como el actual le imprime a las cotizaciones. Tomar cautelosa distancia, esto es, marcarlo en zona y no cuerpo a cuerpo. Ya sea con la adquisición de seguros como los ya implementados, o incorporando unos dólares de cautela a la paramétrica.
Lo central es mantenerse en una franja de amortiguación entre la oscilación externa y su traslado a los precios internos, sin distorsionarlos. Sino, sólo imaginemos los devastadores efectos -económicos y psicosociales- que podría tener para la estabilidad general de precios, para las expectativas y las estructuras de costos de cualquier actividad, mimetizarnos en exceso con ese patológico vaivén, más en caso de que sobrevenga ese anunciado efecto rebote.
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