CONVENIENCIA DE APLAZAR LA DISCUSION SOBRE LEY DE MERCADO
La suma de todos los valores privados deuda y acciones comercializados en las bolsas locales en el mes de noviembre, se redujo al insignificante monto de trecientos mil dólares más una emisión primaria de destino financiero prácticamente en su exclusividad. De hecho, a esta altura de las cosas, los mercados locales trabajan exclusivamente comercializando deuda del Estado y fondeo de las instituciones financieras. El estado del mercado es propio de un ignoto y pequeño país cuyo sistema financiero se asemeja a un islote de seguridades en el cual conviven, funcionalmente, un sistema bancario que de escasa especialización en el financiamiento productivo y un mercado de valores construido, mantenido y pagado para vehiculizar hacia el financiamiento del Estado la porción de ahorro nacional que sus propietarios no se animan o no saben como sacar del país.
Triste pero real, ese es el mapa de un mercado a la vera del cual convive cuanta irregularidad financiera puede imaginarse. Prestamistas de toda laya, cambistas que utilizan sus locales para hacer todo tipo de negocios, alguno de los cuales han sido adscriptos incluso a «joint venturs» curiosas entre bancos y redes de pago, cuyo balance, en el desvío del ahorro captado por el banco regulado y trasladado a través de las ventanillas de los cambios para financiar consumo familiar es absolutamente desconocido. Aunque cierto es que necesitamos un poco más de tiempo para evaluar esa y otras empresas arriesgadas de esos capitales que pululan en la Ciudad Vieja y otros enclaves diversificados de Montevideo y el Interior.
Ahora ingresamos en un escenario en el cual sabemos que ese tipo de construcciones comienza a tambalear. A esta altura de la cosas quizás fuera conveniente suspender el tratamiento legislativo de la nueva Ley de Mercado y comenzar a pensar en serio en un régimen de promoción y regulación radical en esa área.
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