EL ANCLA ES EL REAL
Las razones que indujeron al gobierno y que han sido aceptadas por el nuevo directorio del BCU a los efectos anclar la estabilidad uruguaya de mediano plazo a las vicisitudes cambiarias brasileñas están vinculadas al temor, implícito, que el nivel de actividad se resienta más de lo proyectado y en vez de tener que acomodar las cuentas con un crecimiento del 3%, haya que desarrollar la campaña electoral en el umbral de una recesión formal. El regulador carga sobre sus hombros lo más difícil de la gestión de crisis en estos momentos, entre otras cosas por que ha aceptado desvincularse de sus compromisos monetarios de corto plazo y participar conjuntamente con el gobierno central -incluyendo la compra de reservas- en las operaciones que terminan impulsando una devaluación mayor. El BCU no ha explicitado demasiado el diagnostico que lo inducen a generar este tipo de señales sobre un mercado que ya tiene razones sobradas para especular con una devaluación mayor. La mayoría de ellas está vinculada a ese temor de una caída del nivel de actividad más acentuada que la proyectada el miércoles. Dado lo cual, el dato más importante surgido de Punta Cala es una devaluación mayor. El segundo dato es que la caída de los precios internacionales impediría un rebrote inflacionario. Este es un dato mucho más incierto, tan incierto como el que el crecimiento oscilará en el 3%.
El BCU se ha equivocado demasiado en la estimación de inflación en el pasado reciente. Seguir la devaluación del real, colocando en ella la única ancla que parecería estar disponible es una temeridad. Pero habiéndolo decidido, el regulador debe reinventar su comunicación pública, con el mercado y con la gente. No es posible que en estas circunstancias no se publique el informe de política monetaria y que, al menos por esa vía aparezca en la discusión pública los riesgos de desestabilización que ahora se potencian con la devaluación mayor: la cantidad de dinero, los aumentos salariales que impactarán en el primer trimestre del próximo año o los efectos previsibles de una política comercial muy cerrada en rubros granjeros y de la alimentación con alta ponderación en las canastas de precios del consumo. Si la comunicación de lo que esta haciendo el Banco no mejora y rápido, si el BCU no reconstituye su credibilidad sobre la base de otra relación con el mercado y la población, la especulación cambiaria va a crecer aun más, con todos sus efectos previsibles.
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