La crisis según Iglesias
El secretario general Iberoamericano, Enrique Iglesias, señaló que se requiere generar un espacio de dinamización de las inversiones y el crédito para salir lo antes posible de la actual crisis. Dijo que asistimos al fin de la «gran fiesta de la desregulación» y el fin de su filosofía, «The market knows best» (el mercado sabe mejor), que culminó con la debacle del sistema financiero. Recordó lo que decía Keynes sobre el comportamiento excesivamente riesgoso de los agentes económicos en un contexto de abundancia de recursos y bajas tasas, para explicar lo sucedido. Como una de las principales conclusiones, Iglesias señaló que la globalización ha mostrado sus dientes, e identificó 5 dimensiones de la crisis que se complementan: la energética, la alimentaria, ambiental, de seguridad y financiera. Indicó que esta crisis es, en cierto modo, inédita, distinta a la de la década del 30 del siglo pasado. Sobre la génesis de la misma, señaló que esta es una obra humana y no de la naturaleza, por lo que se podría haber previsto. En este sentido, reclamó una reestructura del sistema financiero mundial y la actualización del marco regulatorio. Esta última no se acompasó con el desarrollo de los novedosos instrumentos financieros que, según él , no son malos en sí mismos, sino que requieren de fiscalización profesional e independiente. Otros actores sobre los que Iglesias reclamó mea culpa y revisión de sus acciones fue el de las calificadoras y rankeadoras que han mantenido relaciones incestuosas con sus calificados. Al respecto, extrajo como una de las principales lecciones el hecho de que el mercado, para que su funcionamiento sea óptimo, requiere reglas claras y que la ausencia de ellas termina favoreciendo la emergencia de conductas especulativas y la generación de burbujas periódicas, como las de las hipotecas tóxicas y las de los alimentos, para señalar sólo las más recientes. Para salir de esta situación, la nueva arquitectura financiera mundial requiere de la integración multipolar de los organismos de crédito y la creación de un Banco Central Mundial, idea que el viejo Keynes había pensado para el FMI, y que, como todos sabemos, nunca se concretó.
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