Contracrisis. La retracción global requiere audacia local

El gobierno estudia mejorar el financiamiento productivo

La generalización de la crisis comercial y climática que afecta a prácticamente todas las cadenas agroindustriales, en un marco de contracción del crédito privado, ha determinado que el equipo económico estudie fórmulas de difícil implementación para mejorar el financiamiento de la inversión y el capital de trabajo en dichos sectores.

La industria y el agro han ingresado a la crisis con un endeudamiento bancario menor al tercio de sus respectivos productos, una relación mayor a la del resto de los sectores productivos y las familias, pero que no era observada como uno de los factores de riesgo ni por el BCU en lo que refiere a la estabilidad del sistema ni por los analistas de riesgo de las principales cadenas. Sin embargo, la contracción de los márgenes de utilidad y la elevada dolarización de estos clientes del sistema financiero han comenzado a constituirse en factores que pesan en la evaluación de la futura capacidad de tomar créditos bancarios. Importa saber que la acumulación de capital y la historia de las relaciones de la producción y el crédito bancario han determinado que ni los bancos ni las empresas hayan invertido mucho tiempo ni recursos profesionales en la elaboración de mejores productos financieros. Entre el autofinanciamiento, la modalidad de financiamiento en base a insumo/producto y otras fórmulas heterodoxas, el crecimiento no se ha soportado en la creación de fórmulas de financiamiento armónicas con la exigibilidad que deviene de esa realidad de productividad física novedosa en el Uruguay. A diferencia de Argentina, donde la virtual desaparición de la confianza bancaria y las reglas del crédito promovieron un papel decisivo de productos estructurados, fideicomisos, warren, y similares, en Uruguay la expansión productiva se financió en la mayoría de los casos por fuentes propias de crédito o aquellas modalidades de financiamiento internas a las cadenas de producción.

En el acceso a un estadio de crisis y requisitorias financieras, ese lapsus reciente en la historia del financiamiento bancario, en la base primaria de las cadenas agroindustriales, complica mucho la percepción tanto de cuál es la real situación de los subsectores de producción, como el diseño de estrategias más agresivas de contribución al financiamiento para sostener la continuidad de la inversión o el propio capital de trabajo de las empresas. En el último ejercicio fiscal agrario, el crédito bancario en dólares tomado por el campo había aumentado un 43%, por encima de la media del crédito al resto de los sectores, pero este incremento que en otro momento hubiera llamado la atención resultaba prácticamente una extensión del crédito ajustado por los incrementos de precios de los activos más líquidos del sector. Las dificultades para asociar la nueva ley de fideicomisos a la operativa bancaria regular y utilizarla en un sector que estaba desarmando las sociedades anónimas al portador, impidió prácticamente que el agro utilizara este moderno instrumento de crédito con marco legal disponible hace ya cinco años. Los bancos no tienen estímulo alguno para retomar niveles de participación en el financiamiento, similares a los que tenían previamente a la crisis de la deuda de los ochenta. Dado que el Estado tiene escasas posibilidades prácticas de generalizar un operativo de asistencia financiera compatible con las seguridades y los plazos necesarios, se supone que gran parte del financiamiento de crisis en los sectores productivos y en el interior de la cadenas agroindustriales va a estar provisto por agentes financieros no regulados, afectos al financiamiento de riesgo cubierto con garantías reales de mejor calidad pero con tasas de interés que van a constituirse ahora en un factor de costos que hasta ahora no ponderaba, al menos explícitamente, en los riesgos sectoriales.

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje