EL VIRAJE DEL BANCO CENTRAL
El gobierno opera en la crisis absolutamente convencido respecto a que tiene tiempo y recursos para trabajar sobre una situación que estima difícil pero manejable. En principio todo hace pensar que está en lo correcto. Incluso en el caso de que los impactos externos fueran más fuertes. La solidez del sistema financiero está funcionando en un mundo y una región en la cual la iliquidez y los riesgos de fracturas de redes de pago no terminan de ser neutralizados, la calidad de las instituciones de intermediación, su liquidez y la fortaleza de la Siiff/BCU es percibido claramente como el corazón de un blindaje diferenciado y robusto.
El problema es que aún la nueva conducción económica y monetaria no da señales de entender que las decisiones y las formas de adoptarlas están aumentando la confusión y que ese descuido sobre la comunicación de la política está multiplicando las asimetrías de la información y recreando un ámbito de especulación peligroso. En esa línea de confusión, cuando se aguardaba que surgieran del BCU decisiones claras y didácticas, luego de una ya costosa dilación de la reunión ordinaria del Copom aparece un extraño comunicado. El comunicado del Copom del jueves pasado es, por su redacción y contenidos, completamente diferente al del 3 de octubre. No se entiende demasiado si el regulador efectivamente ha abandonado su estrategia de enfrentar las crecientes expectativas inflacionarias informándonos que la tasa objetivo ha sido definitivamente eliminada. Ya desde el 15 de octubre el BCU había indicado que levantaba el ancla generando algo así como una invitación a los formadores de precios para que dejaran volar su imaginación.
A partir del jueves, sencillamente, el BCU sugiere en una lectura extrema de la Misión de su nueva Carta Orgánica, que la inflación ni las expectativas importan mucho. No es eso precisamente lo que están haciendo los bancos centrales en gran parte del mundo.
Pero además, Uruguay tiene problemas diferentes. Y uno de ellos es que estamos al borde de los dos dígitos de inflación y que, en este país, la mera sospecha de que eso se va a desbordar genera una especulación económica y política de calidad y consecuencias diferentes que en el norte, donde nadie imagina que se pueda construir nada con niveles de inflación superiores a los dos o tres puntos.
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