ANALISIS NACIONAL

UN HECHO INDICADOR DE LOS NUEVOS RIESGOS

Es la primera vez que recuerdo, desde su institución formal, que el Comité de Política Monetaria del BCU no se reúne en su fecha preanunciada. En la tardecita del miércoles el único director que queda en el BCU decidió la suspensión por una semana de la reunión, en vista que no había forma de integrar el directorio en tiempo con el decreto y las publicaciones respectivas. En otro momento y circunstancias sería tonto perder el tiempo en este tipo de observaciones. Empero, esa dilatoria se suma a la que, surgida de las desavenencias respecto a las venias, venía acumulando el BCU sobre sus espaldas durante las últimas semanas; hasta que el viernes 24, la salida de Cancela dejó al BCU inhibido totalmente de adoptar resoluciones que requieran decisión de Directorio. En ese período han pasado unas cuantas cosas dentro y fuera del país. Todas ellas, las de la economía «real» y esa otra que no parece real hasta que advienen las crisis, debieron ser objeto de atención y algunas de las esenciales determinaron decisiones del regulador. Una de ellas es la convocatoria, estudio y decisión respecto a cuál será la tasa que el BCU ha de pagar a quienes le ofrecieron al banco, en estos días, diferentes ofertas para la venta de $ 5.000 millones de pesos.

Eso debería haberse procesado antes y más rápido. A la fecha de hoy, cuando el BCU anuncie las tasas y con ello comience a estabilizarse un ámbito de excesiva especulación sobre esa decisión, habrán pasado más días de los necesarios. En esos días, el mercado ha trabajado con tasas impagables para las empresas y el consumo, aunque, naturalmente, ellas han sido el precio de innumerables transacciones. La más notoria, la comprometida por la conocida empresa de crédito que aceptó pagar tasas cercanas al 30% para obtener liquidez con la cual prestar a tasas imaginables. Pero también los inversores institucionales más regulados habrían aceptado vender letras a tasas un poco menores pero muy elevadas ­las que aceptaría cobrar el BCU en la recompra de sus letras­, intentando recomponer la rentabilidad de los FAP adquiriendo bonos uruguayos que ahora pagan tasa de retorno superiores al 12% en dólares, en este caso.

Uruguay no tiene por qué padecer más riesgos que aquellos para los que se ha preparado, incluso estos, que provienen de contingencias de mercado absolutamente impredecibles. Ese otro tipo de riesgos que estamos comenzando a incorporar, donde duele, en el margen, provienen de una especial predisposición nacional para complicar el entorno político de los negocios.

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