AGUARDANDO SEÑALES DEL BCU, NADIE ABANDONA AL DOLAR
Desde que, en agosto pasado la crisis global se instalara formalmente en los mercados regionales y con la excepción de lo que está sucediendo en la Argentina, las políticas cambiarias más flexibles, que en los escenarios de las crisis pasadas comenzaron a habilitar el aumento del tipo de cambio alternado, las tendencias que hasta mediados de julio eran de fuerte revalorización de las monedas locales, especialmente del real y el peso. La Argentina había mantenido una política de mayor devaluación que comenzara a revertirse en la última semana de octubre, cuando arreciara la crisis global. En ese período crítico, la salida de capitales y el incremento del riesgo se complementó con una clara preferencia de las familias, bancos e inversores a tomar posiciones en dólares. De allí que en estos últimos tres largos meses, el dólar pasó de valer R$ 1.56 a R$ 2.38. Esa devaluación del real superior al 50% generó un desequilibrio fenomenal a nivel regional y comenzó a ser corregida con acciones conjuntas del BCB y la FED. Pese a ello, en lo que va de la crisis, la devaluación brasileña oscila en el 30%. Algo similar, con menos intensidad sucedió en Uruguay, donde la devaluación se está situando en un nivel intermedio para la región, más vinculada a la devaluación del euro.
Pese a que los indicadores de riesgo han mejorado en Uruguay, la preferencia de familias e inversores por el dólar continúa siendo expresiva, el gobierno continúa convalidando una devaluación que, ahora arrastra todos los precios internos. Dado que el BCU ha renunciado a operar en el mercado de letras, los vencimientos de las series están abasteciendo de pesos un mercado con mayor demanda estacional de pesos. El problema es que las dificultades de regular adecuadamente el encuentro de la demanda y la oferta de pesos, determina picos de tasas y cambio que generan un ámbito muy propenso para la mejor especulación. El martes, un emisor debió pagar tasas de retorno en pesos superiores al 27% y en el mercado secundario se obtienen letras de regulación monetaria de corto plazo a tasas superiores al 20%. En estas circunstancias la contracción del crédito para las Pymes tiende a ser absoluto. Hoy se reúne el Copom, presumiblemente con el directorio del BCU integrado y por allí comenzarán a generarse señales que contribuyan a utilizar la reciente distensión de la crisis. Una de ellas, la más expresiva quizás, es la precipitación a la baja de las tasas en un mundo inundado nuevamente de emisión de monedas que otrora se denominaban «fuertes». La Líbor de 90 días pasó, en quince días, de 4.25% a 2.5% en el cierre de ayer.
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