ANALISIS NACIONAL

EL ENTORNO POTENCIA LOS ERRORES EN LA SALUD

La situación de una mutualista ha vuelto a disparar una discusión no laudada en este país. Aún con las amplias mayorías que apoyan la institución del nuevo Sistema Nacional Integrado (SNIS), es obvio que el plan de la reforma vuelve a encontrarse con indefiniciones históricas respecto a un tema central en la vida del país, reconocido como tal en todas las encuestas de opinión. Esa indefinición parte de diagnósticos condescendientes y mil veces reinventados. En 2001 la crisis del sistema mutual activó una propuesta tan ambiciosa en aquel momento como carente de capacidad de administración y continuidad. Ella consistió en habilitar la concesión de créditos de organismos multilaterales con contrapartidas de exigibilidad de cambios fuertes dentro de instituciones ineptas para enfrentar desde la propia indefinición de sus razones sociales y su ley de marco esos mismas exigencias a las que se comprometieron.

El final de aquella experiencia es conocido. La única variante apreciable desde entonces al presente es una disminución del ratio de endeudamiento del sistema, debido esencialmente a la variación del tipo de cambio y un aporte extra y profundamente injusto de la comunidad. El sistema mutual sin «objeto de lucro» compartiendo con un sistema público ­tímidamente redefinido en la reforma­ la responsabilidad institucional de proveer salud, así como está, ya no da para más. Esto no es un problema de una mutualista que, más allá de sus errores, ha debido cargar con todo el defecto institucional del sistema.

Ahora, la precipitación de los problemas del todo el sistema, en un entorno de contracción del crédito y dificultades para continuar subsidiando errores, comienza a estallar en sus puntos más expuestos. Nada menos que el Casmu y el Hospital de Clínicas. Ya no hay nuevos contingentes Fonasa para mejorar las cuentas mutuales; el presupuesto universitario no fue diseñado en la percepción de los riesgos que emergerían del sistema en su conjunto y, ahora, nuevamente, aparece el Estado reclamándonos, vía transferencias del BROU o nuevos créditos presupuestales, más recursos para paliar riesgos que debieron ser advertidos si todos no hubiéramos sido tan incapaces de explicar que la responsabilidad del Estado en este tema está, decididamente, mal formalizada.

* El autor ha participado en trabajos vinculantes y su opinión pudiera estar condicionada o incidida por sus vínculos en el área. J.J.

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