ANALISIS NACIONAL

EL RIESGO URUGUAY SUPERO LO RAZONABLE: 8,5%

Son ciertas y atendibles todas las explicaciones que atribuyen tal caída de las cotizaciones de la deuda soberana del país a la asociación mecánica con la brutalidad de las decisiones argentinas, o a la continuidad de la crisis global o a la ignorancia de los grandes inversores del prospecto de emisión de los bonos, o a la pequeñez de emisiones que no ameritan que nadie se ponga a investigar eventuales diferenciales de seguridad a partir de los cuales los grandes fondos decidieran mantener papeles uruguayos en sus portafolios. Todo esto es cierto. Tan cierto como discutible sus efectos concretos sobre la cotización de los bonos. Pero en este mundo nadie le regala nada a nadie y menos en escenarios de pavuras como el actual.

Da la sensación que aún en su pequeñez relativa, Uruguay no está logrando emitir un mensaje contundente respecto a cuáles son en realidad las fortalezas de sus emisiones de deuda. Pérdidas del 50% del capital para los bonos globales largos y nominados en dólares, o del 30% para las series más cortas de UI -si existieran compradores…- son demasiado brutales en su significación como señal y, sobre todo lo son, por un problema estrictamente vinculado a lo que va a pasar en este país si el gobierno y el BCU no tienen instrumentos y discursos más convincentes respecto a fortalezas que no pueden seguir siendo enunciadas simplemente como «Uruguay está bien parado…»

El problema es bien concreto. Con ese tipo de descuento o similares para toda la cadena de bonos y notas de deuda pública, sencillamente, no hay cristiano que se anime o pueda financiar ninguna inversión alternativa en el financiamiento de la producción. Ni en la de terceros ni la de uno mismo. No es preciso que esta tendencia se acentúe en los próximos días, alcanza que se mantenga para que el nerviosismo y las tensiones comiencen a expresarse a nivel económico y social de otra manera. Hay discursos y medidas posibles; alcanza ver los sacrificios que está haciendo el resto de los emergentes en la defensa directa de sus activos principales.

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