ANALISIS NACIONAL

VENIAS, ERRORES Y OMISIONES: LA DESINTEGRACION DEL BCU

En la tarde de ayer, mientras el ministro García urgía a los legisladores de la coalición una definición respecto a las venias solicitadas por el Ejecutivo para integrar el Directorio del BCU -Bergara, Dellamea y Gamarra- se supo que el ex ministro Astori había instruido a sus senadores respecto a no habilitar ninguna solución que no comprendiera la provisión de los tres cargos según la solicitud original del Ejecutivo. Astori, advertido de que los seis senadores del MPP habían decidido no aprobar la venía de Dellamea, y que la oposición, en conocimiento de la disidencia del oficialismo tampoco otorgaría los votos capaces de conformar los 3/5 necesarios para su aprobación inmediata, instruyó a sus senadores en el sentido de no transar con ninguna solución intermedia (aprobación de dos de las tres venias con mayorías simples y dejando correr los sesenta días para resolver la tercera). La decisión de Asamblea Uruguay se funda en la preservación de un acuerdo personal del presidente Vázquez con el ex ministro para conformar el Directorio del regulador con esos tres nombres. Según Astori, ese acuerdo había sido ratificado por Vázquez en la tarde del martes, luego de conocida la decisión del MPP. Algunos hechos agregados en el entorno de la decisión le agregaban un especial dramatismo al tema. Uno, la salida del actual presidente de la institución Walter Cancela en el día de mañana. Dos, la sorpresiva caída de los precios de los títulos de deuda de largo y corto plazo con un aumento inédito de las tasas interbancarias diarias. Tres, las dificultades previsibles para integrar con suplencias temporales un Directorio que debe tomar decisiones de política monetaria, bancaria y de deuda importantes.

Este era el insólito cuadro creado ayer por una decisión política que resulta una consecuencia casi obvia de cómo fue planteado al Senado y al MPP en particular la solicitud de esas venías.

Alguien entenderá alguna vez que no se puede solicitar la integración de órganos ejecutivos de organismos reguladores en expedientes que califican a los profesionales propuestos como «sujetos de confianza política». Los reguladores no son ministerios ni empresas públicas ni nada que se le parezca. Son los únicos bastiones disponibles en el ordenamiento republicano del Estado para que, justamente, sus responsables actúen con independencia responsabilizándose ante los poderes públicos solamente por su buena o mala gestión profesional y el cumplimiento de la Misión del organismo que dirigen. De otra manera el regulador ya no existe: habrá sido «capturado» como resultante de un juego que a esta altura debería conocer bien la izquierda, en vez de continuar procediendo con tanto infantilismo en temas tan delicados como estos.

Es probable que mañana el Directorio del BCU quede desintegrado o algo peor. Lo del MPP podía haberse previsto imaginando cómo fue planteado el asunto y, seguramente, sin que nadie le haya explicado a Mujica de dónde surge, qué ha hecho y quién es Dellamea en realidad, amén de por qué fue realmente convocado en estos momentos. Pero el problema va más allá de otro manoseo de individuos e instituciones. Es un indicador de las dificultades que se avecinan si prosperan operaciones de este tipo.

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