TIEMPOS DELICADOS; NUEVAMENTE LA CRISIS COMO OPORTUNIDAD
Probablemente los mercados abran en la tarde de hoy especulando con el redivivo optimismo de la mayoría de los norteamericanos sobre la capacidad de su gobierno de defenderles el salario y las pensiones. Según las encuestas divulgadas el viernes, la gran mayoría de los norteamericanos confía en la eficacia del megapaquete del Tesoro y la FED lo cual, en la recta electoral, determinaba ayer la seguridad de su aprobación en el Congreso. Ello no supone que haya finalizado la crisis ni, siquiera, que se haya cerrado la batalla más importante: esa en la que se juega la ruptura o la estabilidad mínima de las redes de pago.
Para entender las contradicciones aparentes del gobierno norteamericano y del regulador hay que retrotraerse al momento y la esencia de la discusión uruguaya de la tercera semana de julio de 2002, en la cual el sistema político uruguayo sin excepción fue enterado de que el gobierno estaba asistiendo a los bancos intervenidos en proporciones del producto similares a los que agregará la nueva ley en los EEUU.
Cualesquiera que sean los sistemas financieros, están preñados de contratos defectuosos y siempre escasos para regular en función del bien público. En ellos coexisten emprendimientos de todo tipo que, necesariamente, son diseñados y ejecutados por elites que más que capital cuentan con diferenciales educativos para estas batallas bien diferentes a los del resto de la sociedad. Hoy EEUU le estará diciendo al mundo que ha logrado mantener las redes de pago abiertas, pero que el gobierno ha empeñado el salario y las pensiones de los norteamericanos, las que seguirán siendo pagadas aunque tengan menos capacidad de compra por un buen tiempo. Luego habrá promesas y buenas intenciones, pero eso importa menos.
En Uruguay no nos está yendo tan mal. Alcanza observar cómo le va al resto en relación a los ya contagiados emergentes (Ver gráfica). La situación, sin embargo, es muy delicada y los lectores de estas páginas conocen ya sus indicadores de cambio, tasas y conocen también el riesgo de una eventual disociación mayor en la comprensión de cuáles serán las salidas más correctas. Casi todas ellas van a pasar por la capacidad que tenga el gobierno y el Banco Central en particular, de explicar mejor cómo se defiende el país de las amenazas del momento Y quizás, cómo se hace para utilizar las oportunidades de diferenciación mayor que se desprenden del entorno.
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