En Las Brujas late tenacidad de investigadores uruguayos
La Ing. Aelita Moreira ha sido designada como directora de la Estación Experimental de INIA Las Brujas; en diálogo con La República destacó el papel que cumple el Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria como modelo de investigación y transferencia de tecnología en el marco de las cadenas productivas.
Moreira tiene una larga trayectoria de trabajo en desarrollo rural tanto en Uruguay como en el ámbito internacional. Nos contó que trabajó en Ecuador, en Nicaragua y en Bolivia.
Realidades
En los años 1997 y 1998 estuvo trabajando en Nicaragua, primero en un proyecto del Banco Mundial y señaló: «trabajé en el análisis institucional y presupuestal de los ministerios de Ganadería (Magfor) y en el Marena (Ministerio de los Recursos Naturales), finalmente pasé a trabajar en un proyecto de mejoramiento de semillas».
La realidad del campo uruguayo es muy diferente de la de los países centroamericanos como Nicaragua «este país salía de una situación de conflicto armado, y tenía una estructura agraria complicada desde el punto de vista legal: se habían transferido tierras a campesinos sin tener el respaldo legal de títulos, a veces sin formación para el trabajo agrario pues provenían del medio urbano. Mi proyecto trabajaba intentando mejorar dos semillas que son parte de su dieta diaria: el frijol y el maíz, trabajábamos en red con el INTA, el Ministerio de Ganadería y la Facultad de Agronomía.
A fines del año 1997 sufrieron los impactos del Huracán Match, el que destruyó absolutamente todo». Es difícil para los uruguayos imaginarnos una situación tan adversa: los ríos y arroyos subieron y barrieron con plantas, animales, suelo, se caían los cerros y sepultaban pueblos enteros». El proyecto dio apoyo a los campesinos para comenzar de nuevo su actividad, se les entregaba semilla y fertilizantes, además de enseñarles cómo tratar estas nuevas variedades importadas. Esta actividad se realizó en conjunto con la Cruz Roja Nicaragüense.
Bolivia
En el año 2000 comenzó a trabajar en una realidad totalmente diferente, un país del altiplano como Bolivia, particularmente en el Trópico de Cochabamba, una de los ecosistemas terrestres con mayor riqueza en biodiversidad, y una de las áreas más húmedas del planeta.
Moreira destacó que en el país del altiplano se encontró con una realidad muy diferente a la de Uruguay, con un país que ha trasladado la organización sindical a la estructura agraria. La zona donde trabajó, las tierras fueron otorgadas a sindicatos mineros que las distribuían entre sus asociados, en predios de veinte a cincuenta hectáreas, con estructuras de aproximadamente 100 familias por sindicato, quienes eran dueños de la propiedad. Destacó el trabajo con comunidades indígenas en las llamadas Tierras Comunitarias de Origen con las etnias yuracaré.
En Bolivia, la zona de trabajo procuraba rubros alternativos como té, bananas, piña, palmitos, pimientos». Cultivaban banano que exportaban a la Argentina y se fortalecía un Centro Experimental que realizaba la investigación en la zona. Era un típico proyecto de desarrollo rural.
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