¿Y SI BRASIL PUDIERA CON EL DOLAR?
Las autoridades económicas de Uruguay evaluaron en aquel entonces cuáles serían las consecuencias en término de comercio para un Uruguay que, al igual que ahora, experimentaba una sobreventa de bienes y servicios al país norteño.
En aquellos años aún sabíamos muy poco acerca de cuál era el potencial real de una política monetaria aplicada en un país con transacciones prevalentes en su moneda nacional y respaldada en una fuerte institucionalidad. En tanto, el gobierno uruguayo de entonces supuso que la inflación compensaría en poco tiempo los efectos depresivos de aquella sobre devaluación del real y, Uruguay (y la Argentina) se reencontrarían pronto con las ventajas competitivas que le permitían vivir bien vendiéndole a Brasil lo que se quisiera y al precio en dólares que fuera necesario.
En muy pocas semanas comenzamos a asombrarnos. Había variado totalmente la relación cambiaria en la región mientras la inflación norteña, lejos de seguir el despegue del dólar, se mantenía muy restringida, topeada por la aplicación de medidas de política monetaria que lograron no sólo preservar al país de desequilibrios inflacionarios de triste memoria en Brasil, sino también potenciar los efectos competitivos de la devaluación. Ni Argentina ni Uruguay entendieron entonces qué estaba pasando, no hubo lugar ni tiempo para los ajustes necesarios y, en tanto, los dos países, de la mano, nos precipitamos en el rápido que dos años después nos precipitaría en el negro 2002.
Brasil es diferente y nosotros hemos aprendido. Empero, los riesgos de frontera han comenzado a acumularse comprimiéndonos más aún en una región cada vez más problemática. Esta semana las expectativas de IPCA (similar a nuestro IPC) para 2008 ascendieron a 6.6%, duplicando las estimaciones oficiales para el año. El problema no es ese, sino que lo importante es preguntarse qué es lo que están pensando los analistas financieros brasileños que corrigen de a medio punto porcentual esta estimación semanalmente y la han confirmado luego que el BCB decidiera, casi heroicamente la semana pasada elevar la Selic 0.75% situándola en el 13%, en camino además a finalizar el año encima del 14%… La pregunta es cómo se hace para manejar esto sin mover el tipo de cambio cuando esas mismas expectativas mantienen una estimación de saldos positivos de la cuenta comercial del orden de los US$ 23.000 millones al fin de año.
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