ANALISIS NACIONAL

SEÑALES Y SEÑALES, LA ESENCIA DEL JUEGO

El ejercicio que realizara el fin de semana Javier de Haedo en su conversación con los industriales, es sugerente siempre y cuando se extraigan de él las distintas inferencias de una conversación que fue un poco más allá de la tontera de discutir si el dólar estaba algunos puntos porcentuales por debajo de su equilibro de los últimos treinta años. Esas esencias, utilizables, son las que buscan los industriales cuando convocan este tipo de reuniones y bien otras son las que la prensa utiliza a los efectos de encontrarse con esa sensación de «rezago», cambiario y de algo más, que comienza a instalarse en el país. El problema es la inexistencia o debilidad de contrapartidas de opinión fundada y contextualizada cuando prosperan las liviandades informativas. En un momento además, en el cual el temor de la caída del precio del dólar rebota sobre las impostergables decisiones de política monetaria del Banco Central. Ni el gobierno ni, particularmente, Astori en vías de oficializar su candidatura son insensibles cuando se agita el fantasma de una ruptura abrupta de la competitividad. En tanto, ni el presidente va a llamar a Cancela como lo hizo el pasado 3 de octubre diciéndole «haga lo que tenga que hacer» ­y lo que se hizo fue aumentar las tasas de política monetaria (TPM) en dos puntos porcentuales, nada menos­, ni el ministro va a aceptar que la reunión ordinaria del Copom se adelante dos o tres semanas a los efectos de reexaminar una decisión que debió haberse adoptado quince días atrás.

Como, además, las brutales sumas erogadas por la compra de petróleo y la propensión de consumo basadas en las expectativas que abre el exitismo del discurso oficial, conjuntamente con la relativamente baja tasa de interés, no pueden ser cubiertas con un incremento muy fuerte de las exportaciones (41% en el interanual acumulado a mayo) generando en consecuencia, un déficit desconocido en la balanza comercial anualizada (US$ 1600 millones), es natural que las conclusiones parciales del informe de De Haedo tengan buena prensa y mejor recepción social.

Ese informe concluye o sugiere que el gobierno no va a poder hacer nada con el gasto excesivo que seguirá originando una inflación elevada en dólares. Dado lo cual las gerencias financieras harán su propio manejo de la alta tasa de interés de mercado (TMM) resultante en parte de esta imposibilidad del gobierno de «hacer nada». Efectivamente, es probable que, a esta altura, el gobierno no pueda hacer nada en materia de gasto público. Pero sí, quizás, pueda y deba animarse a producir las únicas señales potentes ­las monetarias­ capaces de mostrarlo más fuerte y convencido de parar la inflación de lo que se lo observa en la actualidad. Esa será la película que habrá que ver.

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