ANALISIS NACIONAL

ENTRE WASHINGTON Y MONTEVIDEO

Lo que está sucediendo en Washington en estas horas tiene varias lecturas, pero sobre todo, una urgente: cómo administrará Uruguay los efectos de un eventual aumento abrupto de las tasas internacionales cuando la FED deba recoger los cientos de millones de dólares que el gobierno de Bush está volcando en el sistema financiero.

Hasta el fin de semana pasado en Uruguay aguardábamos que las noticias relevantes respecto al escenario internacional que tanto está afectando la estabilidad interna se produjeran en los primeros días de agosto, en vísperas de la reunión que el martes 5 tendrá el Comité de Mercado abierto de la Reserva Federal, la fuente nutricia de cuanta especulación financiera y cambiaria hay en el mundo actualmente. En estas últimas horas, sin embargo, la atención sigue concentrada en Washington pero ahora las referencias se desplazan del edificio de la FED hacia la oficina de Paulson y sus enlaces con la coordinación republicana del Congreso. La carrera es contrarreloj y procura conformar un paquete de legalidad y credibilidad suficiente para impedir que las acciones de varias instituciones del sistema financiero norteamericano terminen de desplomarse. Luego de sus advertencias de dos semanas atrás, Bernanke no ha insistido en la recordación de que la FED tiene un problema tan o más grande que los que se manejan entre el Ejecutivo y el Congreso. Los tiempos son diferentes y también la fuerza institucional del regulador comparada con el peso que republicanos están ejerciendo para mantener en pie la red de pagos pase lo que pase. Los formadores de opinión y la ciudadanía siguen la película con atención enterada y decenas de miles de administradores de fondos intentan a lo largo y ancho de todo el mundo entender cada gesto o movimiento como nueva señal de incalculable valor.

Los hechos son conocidos: las acciones de las agencias y bancos hipotecarios caen en picada sobre la estabilidad del sistema financiero. La administración se ha quedado sin instrumentos para financiar a Fannie Mac y Freddie Mac, agencias heredadas de la salida de la crisis del 30, en proporciones suficientes para impedir la corrida, recreando la credibilidad de los norteamericanos en primer lugar. Nadie entiende bien cómo ha llegado a suceder esto y menos se entiende que cifras insólitas, cercanas a los 500.000 millones de dólares, deban extraerse de sus bolsillos para financiar a los malos banqueros y peores reguladores.

Ayer Paulson amenazó con no aguardar los nuevos instrumentos solicitados al Congreso sugiriendo que el gobierno se apresta a demostrar que si se animó a invadir Irak también podría animarse a vulnerar algunas garantías tradicionales en procura de fortalecer la seguridad bancaria. Esa es la ruta en la cual desde la lejanía del sur habrá que seguir diariamente la información disponible.

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