Argentina busca cómo mejorar la forma de recaudar impuestos
(Reuters)
Los especialistas señalaron que, por más cambios que se implementen en la estructura tributaria argentina –basada en altos impuestos al consumo–, todo seguirá como hasta ahora si no se transforma de raíz el funcionamiento de la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP), el ente recaudador.
El mal funcionamiento del organismo se ve en las cifras: las estimaciones indican que la evasión llega a unos 25.000 millones de dólares anuales, lo que equivale a más de 10 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) y a la mitad de la recaudación impositiva anual.
Los magros ingresos del Estado, también en parte fruto de la escasa vida que tiene la economía, obligan al país a endeudarse constantemente para financiar su abultado déficit fiscal, quedando preso de las turbulencias de los mercados. Para la reforma del sistema impositivo, el gobierno conformará un cuerpo de especialistas que tendrán tres meses para recomendar cambios a la estructura actual. Sin embargo, expertos como el abogado tributarista Leonel Massad consideran que una reforma seria requiere al menos dos años de trabajo.
A ese foro sería invitado el ex ministro de Economía, Domingo Cavallo, quien es descalificado por los tributaristas. «Cavallo es un buen economista pero no es un técnico en materia impositiva», dijo el especialista Raúl Cuello, ex titular del organismo recaudador. Su colega Antonio Figueroa, experto impositivo, fue más allá: «Cavallo no conoce nada en materia tributaria», indicó.
La decisión de reformar el sistema tributario, que incluiría la privatización del cobro de algunos impuestos, fue anunciada por el presidente Fernando de la Rúa en noviembre, un intento de lograr un «shock» de confianza de los inversores que desconfían sobre la solvencia del gobierno. La convocatoria de Cavallo –que aún no fue oficialmente anunciada– también busca lograr un golpe de efecto, gracias a la gran reputación que tiene el economista entre inversores.
Un ente que hace agua
«La AFIP mantiene deudas con el Correo y las telefónicas, no tiene dinero para publicitar las fechas de vencimiento del pago de los impuestos y se atrasa en el pago de los alquileres de los locales que ocupa. Se ha dejado desnutrido al organismo que aporta los recursos que el Estado necesita», dijo Massad a Reuters.
A lo largo de 2000, por ajuste de gastos, el organismo recaudador perdió 2.500 de sus 20.500 agentes. Como símbolo de sus problemas, los mármoles de la fachada de su sede –a un lado de la céntrica Plaza de Mayo de Buenos Aires– permanecen revestidos para evitar que caigan sobre algún transeúnte.
Con sólo 100 millones de dólares más de presupuesto, la AFIP podría recaudar entre 2.000 millones de dólares y 3.000 millones de dólares adicionales por año, sostuvo Massad.
Argentina, con un PIB de casi 300.000 millones de dólares, recauda anualmente alrededor de 18 por ciento de ese indicador. Del total, 10 por ciento proviene de gravámenes al consumo y menos de 4,0 por ciento de tributos a las rentas.
En Estados Unidos, la proporción se da a la inversa. Allí, «14 por ciento del PIB proviene de tributos a las rentas, mientras que la imposición sobre el consumo es de cuatro por ciento del PIB», señaló Figueroa. «Argentina es un país que puede ser calificado como paladín de la regresividad», agregó.
En Argentina, la alícuota del Impuesto al Valor Agregado –que grava las compras y ventas de bienes y servicios– es de 21 por ciento. El consumo también está gravado por el denominado impuesto a los ingresos brutos. Esta estructura tributaria también irrita a los empresarios, que se quejan al decir que encarece sus costos y alienta la evasión. Figueroa dijo: «Hasta con esta estructura impositiva deberíamos estar recaudando más. Pero la caja no funciona y entonces no hay gobierno que pueda cumplir con sus objetivos».
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