Reproches que no se dicen
Da la impresión de que el resto de los miembros del Mercosur reprochan a Argentina la paradoja de haber estado peleando por la caída de los subsidios agrícolas del primer mundo, por la apertura del comercio agrícola, y ahora no volcar su producción al mercado internacional. Medida que va a generar reacciones desde los países del primer mundo.
La limitación argentina bajó aún más la oferta mundial de alimentos, lo que favoreció la escalada de precios, pero también agudizó el temor de autoridades de países que consideran seriamente el suministro de alimentos a su población y no quieren la mala dependencia que subyace en la medida. El discurso de la presidenta argentina, Cristina Kirschner, en uno de los actos que realizó semanas atrás, contiene una frase que resume una visión particular de la realidad. La presidenta dijo: «En este momento los países del primer mundo nos necesitan para la producción de alimentos». Nada más alejado de la realidad, el potencial productivo que tienen los países europeos, Estados Unidos, las potencias emergentes mundiales agrícolas como Ucrania y mismo China señalan que si la ecuación económica los favorece van a ser los protagonistas en esta historia, van a apostar a su soberanía alimentaria.
El ejemplo del trigo es quizás emblemático, Brasil se abastecía del cereal desde Argentina y no tenía necesidad de plantarlo, en suelos inadecuados, con un costo de subsidios importante, era más barato importarlo, pero si quien me abastecía decide de modo unilateral no venderme más, tomo el camino de plantarlo, lo subsidio, además con los actuales precios lo que antes no era rentable ahora lo es. Cabe demandarse entonces quién necesita a quién.
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