BBVA. Dilema entre el crecimiento económico y la suba de precios

¿Regresa la inflación?

En la posguerra se vivió una prolongada expansión económica con baja inflación, gracias a la reconstrucción y ampliación de capacidad productiva en Europa y Japón, aprovechando el capital humano existente para satisfacer una demanda en expansión.

La inflación internacional permaneció a niveles bajos gracias al sistema de paridades fijas con el dólar definido en los acuerdos de Bretton Woods y al compromiso antiinflacionario de las autoridades norteamericanas. Sin embargo, en la segunda mitad de los años 60, la inflación norteamericana comienza a subir, impulsada por una política fiscal expansiva para financiar ambiciosos programas sociales y la Guerra de Vietnam. El sistema colapsó con el fin de la década, cuando la inflación en Estados Unidos alcanzó un 6% anual y Europa no estuvo dispuesta a seguir sosteniendo el sistema de paridades fijas, que obligaba a importar esa inflación.

En el pasado reciente la expansión económica con estabilidad de precios ha sido posible gracias a la incorporación a la economía global de los gigantes asiáticos, que han abastecido una proporción creciente de la demanda por manufacturas a nivel mundial, aprovechando bajos costos y amplia disponibilidad de trabajadores. Para ello han reprimido el consumo interno, lo que les ha permitido mantener paridades fijas respecto del dólar, acumulando cuantiosos superávits en cuenta corriente (la cara opuesta del déficit norteamericano).

De nuevo, la estabilidad del sistema se basa en la credibilidad del compromiso antiinflacionario de los Estados Unidos que hace atractivo mantener reservas en dólares. El sistema ha funcionado bien, hasta que ha comenzado a tropezar con limitaciones de oferta en materias primas y recursos naturales clave: primero fue el petróleo, luego los principales metales y, más recientemente, los alimentos. Las alzas de precios en todos estos productos dan cuenta de un aumento en la demanda que sistemáticamente está sobrepasando la capacidad de expandir la producción.

Al igual que a fines de los 60, esto está marcando el final de un período fácil de crecimiento estable, en que las holguras de capacidad a nivel global comienzan a desaparecer y comienza a surgir la inflación. Es posible que algunas restricciones se relajen gracias a inversiones en curso, pero también parece evidente que otras, como las de energía van a requerir la maduración de nuevas tecnologías. Las autoridades fiscales y monetarias, tanto del mundo desarrollado como de los países en desarrollo, deben entender que estas alzas de precios son la antesala de procesos inflacionarios, si no se limita el crecimiento económico en el corto plazo. Lo que está en juego nuevamente es la continuidad del sistema monetario internacional, que para buena parte del mundo en desarrollo sigue anclado en el dólar.

Desgraciadamente esta situación ha coincidido con la crisis del subprime norteamericano que ha llevado a la Reserva Federal a asumir una política monetaria muy agresiva para evitar una crisis financiera mayor. El futuro de la inflación y del sistema internacional de pagos dependerá de la reversión oportuna de esas políticas.

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