ANALISIS NACIONAL

ESTA POLITICA DE DEFENDER LOS DOLARES DE QUIEN NO LOS QUIERE…

Desde entonces hasta ahora, el Banco Central ha extremado sus posibilidades al máximo para impedir mayores caídas. Esta política supone un aparente contrasentido (al menos para el corto plazo) para quien debe preocuparse por la capacidad adquisitiva del peso uruguayo, unidad de cuenta que remunera el trabajo y los ingresos de la enorme mayoría de los ciudadanos.

Sin embargo, esa obligación constitucional de defender la capacidad adquisitiva del trabajo de los uruguayos demanda que el regulador aplique una política monetaria moderadamente contractiva, la que en el contexto de desvalorización internacional del dólar y las buenas perspectivas de la economía nacional supone un estimulo más para la «fuga del dólar».

Esta situación se está extendiendo más de lo previsto en la estrategia del gobierno y ha comenzado a complicar la ya escasa comprensión social de lo que sucede en la economía; sobre todo en la intersección de la economía y la política.

Para mejor, es ostensible que en el corto a mediano plazo los problemas del dólar se agravan de la mano de los diferenciales de tasas previstos en EEUU y Europa o Japón para los próximos meses.

Dicho de otra manera, si el BCE aumenta las tasas e indica que ese es el comienzo de una progresión de confrontación mayor con la inflación que comienza a asolar a Europa, el restablecimiento de paridades más normales del dólar y las monedas fuertes podría extenderse bastante más allá de fin de año (este venía siendo el piso cronológico para una inflexión de las tendencias cambiarias).

 

En esa perspectiva cabe comenzar a replantearse, ahora en un nivel más dramático, aquellas advertencias sobre las que insistían antes de iniciar su gestión actual algunos miembros relevantes del equipo económico cuando declaraban que el gobierno no podría destinar recursos escasos a cubrir los riesgos de los empresarios, ahorristas o inversores públicos o privados, defendiendo ya sea la cotización de una moneda extranjera ni, tampoco, sus oscilaciones diarias. Comprendiendo todos los imperativos de la política, ¿es conveniente que el país siga adquiriéndole dólares a quienes no los quieren, ni saben qué hacer con ellos, ni destinan un peso a cubrir sus riesgos cambiarios?

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