Tres visiones económicas sobre los próximos 3 años
La Fundación Ferreira Aldunate, del Partido Nacional, organizó la conferencia «Desafíos de la Economía Uruguaya para los próximos 3 años», en la cual vertieron su opinión los economistas Alfie, Couriel y De Haedo.
La apertura estuvo a cargo del recordado ex ministro de salud del gobierno blanco, el Dr. Carlos Delpiazzo, a la sazón presidente de la fundación, quien indicó que el Partido Nacional tiene 1.000 técnicos trabajando en 32 comisiones elaborando propuestas para el próximo periodo electoral. Luego vinieron las palabras del presidente del Honorable, senador y pre candidato presidencial Jorge Larrañaga quien dijo que su partido trabaja para un Uruguay moderno, solidario e inclusivo.
Los tres coincidieron y llamaron la atención respecto a que la situación a futuro de la economía mundial es incierta, en virtud de los vertiginosos cambios que se vienen operando en la economía mundial. A saber: incremento de los precios de las materias primas, suba sideral del petróleo, crecimiento de la demanda internacional vía los gigantes asiáticos, con una economía norteamericana en recesión, un dólar bajo y presiones inflacionarias, en un contexto de bajas tasas de interés. En lo que discreparon fue en la interpretación de la situación y la capacidad interna para hacer frente a los previsibles cambios de escenarios que, en mayor o menor medida y con singularidades, dieron por hechos probables. En la mejor de las hipótesis, en la que cabe situar a De Haedo y Couriel, a mediano plazo los precios de las materias primas que nuestro país exporta se mantendrán en buenos niveles, aunque quizás no tan elevados.
Sin embargo De Haedo ve que el gasto público, fundamentalmente en su dinámica pro-cíclica, es decir, su tendencia a crecer al ritmo de la expansión de la economía, es nocivo y nos torna vulnerables ante un cambio en los vientos actuales. A este respecto Couriel defendió el esfuerzo fiscal para atender la emergencia y la deuda social. Alfie en ningún caso fue complaciente con ningún aspecto de la política económica, salvo el explícito reconocimiento al formidable crecimiento de nuestra economía, en que se atribuyó responsabilidad al ser uno de los ejecutores de la salida a la crisis en la administración Batlle. En un extremo coincidió con De Haedo en cuanto a la expansión del gasto. Sin embargo discreparon en cuanto al manejo de la deuda externa. Para Alfie esta no ha bajado, en tanto De Haedo en este punto se alineó con la visión del gobierno y catalogó de bueno el manejo realizado en este tema por el actual gobierno.
En materia de competitividad Alfie bromeó en que los tres eran proscriptos, haciendo alusión a la posición crítica respecto a la actual política cambiaria que mantiene Couriel. Sin embargo, el senador oficialista, si bien mantiene su postura, relativizó el perjuicio de esta situación al menos en el corto plazo, debido a los altos precios de nuestros productos, la apreciación del euro y del real, que son destinos relevantes para nuestro comercio. Sin embargo indicó, que un cambio en algunas de estas variables puede complicar la situación.
Aspecto este que Couriel considera el «talón de Aquiles» de nuestra economía, pese a destacar los niveles históricos en la materia, pero aún no suficientes
La sensibilidad de Alfie
Couriel discrepó con la presentación de su colega colorado, que realizó una presentación lindante con un discurso opositor digna de alguna fracción de la más ortodoxa izquierda, sin prácticamente reconocer logros por parte del actual gobierno en materia económica, ni en ninguna otra: «no hay avances en ningún sector» espetó. Incluso llamó la atención a este cronista su preocupación por aspectos nada monetarios, como los niveles de exclusión y pobreza, las fallas y carencias en materia educativa. Lo que habla a las claras de que la crisis de 2002 marcó, de alguna manera su perspectiva de lo social.
Couriel y De Haedo fueron contestes en la necesidad de establecer rumbos concertados a nivel país hacia el futuro en materia económica. Por último, Couriel se mostró preocupado por la fuga de los empresarios uruguayos del actual proceso de crecimiento que, frente a la llegada de capitales extranjeros, prefieren vender sus empresas y retirarse.
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