ANALISIS NACIONAL

INFLACION Y MERCADOS DE FUTURO

A tientas y apurados por cámaras y micrófonos muchas autoridades ensayan explicaciones novedosas respecto a las causas de la inflación importada. En particular aquella que, derivada del incremento de los precios de las materias primas agroindustriales parecería amenazar la seguridad alimentaria: viejo milenarismo recreado por los que si especulan con la protección de todo tipo. El tema convoca, tiene su sex-appeal pero está siendo maltratado en demasía.

Especialmente, el adjudicarle la «culpa» de parte importante de la carestía al encarecimiento artificial de los precios de los commodities agroalimentarios presupone confusiones crecientes, en ese nivel en el que se diseñan políticas y compensaciones caras. Adjudicarle a la especulación en los mercados formales ­los regulados­ la razón de todo mal es un recurso fácil pero que no ayuda para nada. Si en vez de cargar sobre estos mercados se buscara la explicación de la inflación que padece el mundo en desequilibrios más estructurales del sistema ­los déficit y el resquebrajamiento de las disciplinas norteamericanas, por ejemplo­ la crítica sería más punzante y constructiva. Si ese fenómeno inesperado se apreciara en un entorno en el cual un tercio de la humanidad ha comenzado a comer, a vestirse y divertirse, o se considerara el nuevo poder de los emergentes en las instituciones multilaterales ­la OMC en particular­ el pensamiento colectivo ganaría calidad y la política optimismo, al menos.

Pero este asunto de la culpabilidad de la especulación vinculada a los malsanos mercados de futuro nos complica la vida, especialmente a los uruguayos que no tenemos mercados formales de capital y mucho menos mercados en los cuales se practique la cobertura moderna del riesgo precios. Función en la cual los «especuladores» ­gente y fondos que prevén encuentros y desencuentros de demandas y ofertas a futuro toman riesgos, que permiten a productores y comerciantes hacer lo que saben sin adivinar precios que

ellos no manejan ni pueden prever. Sirve el negocio a los precios de los contratos que cubren ese riesgo o no sirve. Y si no sirve, en vez de aspirar a la protección de la comunidad, es más sano dejar el lugar a otros que hacen las cosas mejor. Quienes pueden al menos. En Uruguay intentamos dos o tres veces armar un mercado de futuro de novillos para disminuir los riesgos de quienes deben dedicarse a producir con seguridades elementales. Cancela aludió varias veces al esfuerzo del BCU de impulsar una aproximación a un despreciado mercado de futuro del dólar… nada. Una de las razones del fracaso perenne es la inexistencia de especuladores. Esto tiene sus razones: ausencia del mercado mayor, legislación comercial basada en códigos victorianos, desprecio esquizofrénico por los mercados, renuncia a estudiar la realidad, etcétera, etcétera.

Un dato para ese buen humor u optimismo reclamado a la política: las apuestas a los mercados de futuro energéticos y alimentarios están induciendo un espléndido equilibrio a futuro. Y un dato destinado esta vez a la «razón preocupada»:

esa cobertura y la financiación obtenida a través de los mercados de futuro asegura el aumento de la inversión sin riesgo de todo lo que producimos los uruguayos, con riesgo.

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