LA DEUDA EN VISPERAS DE LA RENDICION DE CUENTAS
La gestión del endeudamiento público ha sido celebrada reiteradamente en el discurso del equipo económico, como aporte esencial al financiamiento del fuerte incremento del gasto público.
Sin la gestión profesional de la importante deuda pública que el país iniciara al término de 2004 e intensificara en los últimos años, aun considerando la caída de la tasa de interés, el gobierno no hubiera podido aplicar su política. Así de sencillo. Al término de diciembre pasado, el endeudamiento público sin contar el endeudamiento de los gobiernos municipales pero comprendiendo la emisión y la deuda nominada en pesos, nominales y reajustables sumaba US$ 16.500 millones, los que luego de descontado el conjunto de activos realizables que tiene el país determinan que Uruguay tenga actualmente una deuda exigible del orden de US$ 10.000 millones.
Importa señalar que, además del monto del endeudamiento, la caracterización del estado del endeudamiento público debe observarse en consideración a la mejora del perfil de la deuda según la estructura de la moneda y, esencialmente, en relación al calendario de vencimientos. En relación a esto último, el gobierno ha demostrado suficientemente que el país tiene una situación de mucha comodidad y no tiene en tanto necesidad hasta que finalice la actual administración de recurrir al mercado internacional privado de crédito si este no ofrece las condiciones adecuadas.
El gobierno ha venido utilizando esta posibilidad de no tener que recurrir al mercado internacional en momentos de mucha turbulencia. Lo ha hecho porque el equilibrio fiscal lo posibilita y porque, además, la carencia de opciones de inversión y financiamiento alternativo que tiene la población uruguaya impele a los uruguayos a seguir financiando a su gobierno sin compartir las precauciones que se observan afuera y son, de alguna manera, explicitadas por las calificadoras de riesgo soberano. Luego de mejorar permanentemente la calificación de Brasil, las calificadoras le adjudicaron un histórico grado de inversión al país vecino que, ahora, se expresa en un costo de financiamiento del vecino extremadamente mejor que el que tiene actualmente Uruguay.
En función de ello, la estrategia del gobierno sigue siendo emitir deuda en el mercado interno, mejorando aparentemente el riesgo de moneda aunque esto sea controversial en la discusión académica del tema.
El problema es cómo opera un endeudamiento creciente, aunque a tasas menores, en sus aspectos de redistribución de la renta interna. Este es un problema que, quizá, debe ser mejor explicado por la conducción económica, sobre todo en vísperas de que esta envíe al Legislativo su proyecto de Rendición de Cuentas.
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