VIVIR INFLADOS
Aún aguardamos definiciones más precisas del Ministerio de Economía respecto a cuáles serán, a su entender, las coordenadas aproximadas en las que se moverá la economía en los dos próximos años. Es cierto que aún es temprano para saber como va a aterrizar exactamente la crisis del norte, que no es sólo financiera ni desaparece con una semana de valorización bursátil del Citi. Tampoco, más allá de especulaciones incluyendo la publicada ayer en esta misma columna, sabemos realmente si hay o no un plan de contingencia sobre las consecuencias inflacionarias de una negociación salarial que, quizás no tenga la misma razonabilidad de la previa. Más allá de que el crecimiento beatifique todo.
Sin embargo ya estamos en condiciones de saber que, en el mejor de los casos, el incremento del nivel general de precios acumulado en el presente y próximo año se situará en el entorno del 15%, promedio que supondrá extremos de variabilidad de cada grupo de precios menor o mayor al usual. En tanto, es natural pensar que la mayoría de los operadores, empresas, corporaciones y sindicatos van a trabajar con una previsión de precios bastante mayor al promedio de variación programada y permanentemente incumplida. En una economía repleta de formadores de precios con capacidad monopólica, lindante con el abuso de esa posición, es natural imaginar que esa previsión del riesgo mayor estará acompañada de conductas de mercado y otras, capaces de constituir un ámbito de conflictividad ajustado o multiplicado por la estacionalidad electoral.
Lo que determina en consecuencia un incremento de las previsiones de riesgo que, particularmente, los uruguayos haremos en mayor medida que los extranjeros que estudian su inversión en el país o de quienes compran deuda garantizada directa o indirectamente por el Estado.
Ahora, el riesgo de continuar incumpliendo durante dos años más la meta inflacionaria o declinando la oportunidad de avanzar en la dirección que intentan la mayoría de los países que se alejan de la confrontación como vía de solución de problemas complejos no es gratuito. Uno de esos costos es la multiplicación diaria de la demanda de Notas y Letras protegidas contra la inflación. Esa es la opción casi exclusiva de ahorro e inversión de nacionales y extranjeros que poseen más información y canales apropiados para trabajar con estos títulos. Tasas de retorno del 3% en UI a un año, emitidas y garantizadas por el Estado, supone costos monetarios y un disuasivo constante a la innovación y la inversión productiva. Tras el cual se aleja cada vez más la opción de emitir deuda en moneda nacional corriente a tasas relativamente dignas.
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