
Entre el sábado y el lunes de la próxima semana se realizarán en Washington las reuniones semestrales del Comité Monetario y Financiero Internacional del FMI y el Comité de Desarrollo conjunto del Fondo y Banco Mundial. En paralelo ha sido programado un conjunto de reuniones de enlace y comunicación entre funcionarios de las multilaterales y autoridades de los países miembros.
En el menú de esas reuniones de concentración de los analistas, académicos y ejecutivos del sector público a nivel global comienzan a aparecer los documentos de apoyo que intentan dotar a esas reuniones de utilidad práctica. La crisis parece haber sido detenida por la ejecución de un plan vertebrado desde la Reserva Federal en coordinación con las Secretaría del Tesoro y algunos bancos centrales. Sin embargo, en la víspera de esas reuniones nadie tiene claro aún que es exactamente lo que está sucediendo en los bolsones de iliquidez de la red de pagos absolutamente internacionalizada. Además, comienzan a aparecer en toda su magnitud los efectos monetarios de ese salvataje bancario que ya poco tiene de selectivo.
Las consecuencias de una emisión inédita de dólares que llena los espacios vacíos de la red global y que comienza a derramarse sobre la máquina del consumo en procura de una reactivación rápida del motor de la economía internacional no son gratuitas. Algunos de los análisis preparatorios de esas reuniones ya están comenzando a conocerse pese a que la mayoría de ellos están embargados para su difusión hasta la semana próxima. Entre los disponibles figura un informe que se concentra sobre los accesos subsidiados o facilitados al crédito hipotecario, la sobrevaluación de precios y el efecto de relaciones causales con la implosión del sistema general de garantías, el derrumbe de los precios de la vivienda desde picos excepcionalmente altos, y la expansión monetaria de la economía norteamericana de los últimos años.
El asunto tiene su interés académico naturalmente pero sus conclusiones seguramente van a ser leídas con atención por quienes, ahora en la periferia deben comenzar a realizar los ajustes a un ciclo de crecimiento más cercano al tradicional. Ese trabajo en particular trata las innovaciones de los sistemas de financiamiento de la vivienda en las economías avanzadas durante las dos últimas décadas y el papel que la vivienda desempeña tanto en el ciclo económico como en los mecanismos de ejecución de la política monetaria y sus canales de transmisión en particular. Esos estudios de lo que sucede cuando la institucionalidad regulatoria se degrada y las disciplinas banco centralistas comienzan a ser afectadas por las urgencias de la política. Es el caso norteamericano obviamente pero, también, es el caso de una tensión permanente en las democracias occidentales incluyendo las latinoamericanas. Relajamiento de las disciplinas del crédito bancario, ablandamiento de la política monetaria, malos contratos, y otras perlas de la degradación de los fundamentos culminan en crisis inmanejables cuyas consecuencias ahora se trasladan con velocidades fantásticas al resto del sistema internacional. En los procesos de ajuste, como el que ahora se inicia, los países más expuestos son aquellos que aún no han logrado consolidar sus equilibrios básicos pese a vivir un ciclo de expansión económica extraordinaria. Es más, esos estudios apuntan a un diagnóstico que mucho tiene que ver con lo que ha comenzado a suceder con la economía uruguaya pese a las diferencias: ciclos de expansión con crecimiento del ingreso de los hogares y aumento impactante de los precios de la vivienda son propensos a elevar el endeudamiento hipotecario de las familias y, sobre todo, a recrear un riego de caída con efecto dominó sobre el resto de los precios de los activos y garantías cuando los ciclos de ajuste advienen.
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