Tranquilidad y reflexión. Lo dominante en la apertura del mercado

Uruguay intenta capitalizar sus seguridades

Los picos de la crisis internacional que desde agosto pasado afecta a los mercados están cayendo en días óptimos para que, con la velocidad de reacción propia de los uruguayos, los impactos puedan procesarse sin excesivas angustias.

La fantástica reapertura del mercado financiero internacional tomó a Uruguay en el primer día de una de sus vacaciones tradicionales. Mañana martes la actividad será un poco mayor y el miércoles estarán cerrando temprano las oficinas y escritorios a las cuales, eventualmente, pudiera concurrir algún inversor o ahorrista más nervioso y preocupado que la media nacional.

Lo que está sucediendo afuera es realmente fantástico. Entre otras cosas porque la crisis lejos de haber sido encauzada ­como dice Greenspan en una columna del Time del domingo­ sólo finalizará, «eventualmente», cuando los precios se estabilicen y renazca el valor de las garantías sobre las que se erige la estructura financiera internacional. 1/ Ahora, aquello de que los «fundamentos están en orden» suena mal, realmente mal. Pero que ellos se ocupen de lo suyo mientras nosotros intentamos procesar el contagio inevitable, para el cual nos hemos vacunado en abundancia.

 

Primeros impactos locales

El país comenzó a sentir el impacto externo a través de algunos precios de bonos globales comercializados en los mercados internacionales. El riesgo país se elevó a los 313 puntos. Pero ese indicador no ayuda para seguir el castigo que va a sufrir la cotización de la deuda pública de interés variable y los portafolios en posición de uruguayos que contengan acciones preferidas, fondos triple AAA y otras emisiones que están sufriendo el impacto de la iliquidez internacional.

Uruguay tiene sus activos colocados en el exterior en condiciones de la máxima seguridad y rentabilidad disponible. Las colocaciones del Banco Central están en títulos de bancos centrales con precios y calendarios de vencimiento ajustados a los de la deuda externa. La mayor dificultad que tiene el gobierno para manejar sus reservas deviene precisamente de tener que recomprar esos títulos, cuyos precios se han elevado fuertemente. Paradójicamente, incluso, pudiera aumentar la capacidad de prestar contra capital propio, que tienen algunas instituciones públicas, elemento que pudiera contribuir a mejorar el crédito interno si este se complica por eventuales cambios en la política comercial de la banca privada.

El aumento de la tenencia de moneda nacional también operará como un resguardo frente a una precipitación el dólar en el corto plazo. Quizás, incluso, el gobierno pudiera utilizar la oportunidad para acelerar alguna operación de canje o emisión mayor de deuda en pesos o UI. Pero de esto no se habla y tal cual ha sido usual en los últimos años, la Oficina de Deuda del MEF y el BCU utilizarán cada ventana que se abra en este proceso.

La red de seguridad bancaria es muy fuerte y no habrá cambios de entidad como no sean ajustes de tasas de interés y, probablemente, una restricción temporal del crédito. Habrá que ver que sucede cuando se reinicie la actividad normal con la situación financiera de empresas que trabajan en márgenes muy estrechos y que ahora tendrán más dificultad para el acceso al financiamiento del capital de trabajo y la amortización de deudas.

 

Ajuste y oportunidades

Si en las próximas horas nada más grave sucede, particularmente en Brasil, Uruguay va a enfrentar la crisis con tranquilidad y tiempo suficiente, intentando ajustar su presupuesto a un nivel de actividad que, de alguna manera se va a resentir. El mundo entero reformula sus presupuestos a un escenario de menor liquidez y caída de la actividad económica. Esa será la dificultad y más allá del seguimiento atento de la crisis externa, el foco ahora se centra en la capacidad de gestión política de los equilibrios y la defensa de la estabilidad. El mundo vive un drama similar al que vivimos en el 2002. Nosotros ya estamos lejos de aquello a condición que se le permita al equipo económico, el BCU y la propia presidencia trabajar sin presiones extremas.

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