
“Esta es la primera vez, desde que comenzamos a estudiar las remesas en el año 2000, que no hemos registrado un aumento de dos dígitos”, señaló el gerente del FOMIN, Donald F. Terry. “Esto se explica mayormente porque los dos principales destinatarios de las remesas en la región, México y Brasil, no siguieron las tendencias pasadas.”
En Uruguay, durante 2006, las remesas se ubicaron en un entorno similar, llegando a los US$ 126 millones, representando un 2,5% del PBI de ese año.
Las remesas a México apenas crecieron 1% en 2007 a unos 24.000 millones de dólares. Las transferencias de dinero a Brasil bajaron 4 % a unos 7.100 millones de dólares el año pasado.
En cuanto al Cono Sur, los envíos de dinero a Argentina alcanzaron el año pasado los 920 millones de dólares, a Chile US$ 850 millones, Uruguay US$ 125 millones y Paraguay US$ 700 millones.
Según Terry, la desaceleración de los flujos de remesas a estos dos países, se deben a distintas causas. En el caso de México, los emigrados estarían menos dispuestos a enviar dinero a su patria que en el pasado por temor a la aplicación más estricta de las leyes de inmigración y la debilidad de la economía de los Estados Unidos.
En el caso de Brasil, los incentivos para enviar dinero desde los Estados Unidos han caído para los emigrados brasileños, dadas las crecientes oportunidades económicas en su país de origen y el fortalecimiento de la moneda brasileña contra la moneda estadounidense (el real se ha revaluado 24 por ciento contra el dólar en los últimos 12 meses).
En contraste, las remesas a países centroamericanos se incrementaron 11% el año pasado para llegar a unos 12.400 millones de dólares. Las transferencias a países andinos aumentaron 5 % a unos 11.600 millones de dólares.
Las remesas son una fuente de ingresos clave para muchos países en vías de desarrollo. En Guyana representan 43 % del PBI, en Haití 35 %, en Honduras 25 y en El Salvador y Jamaica, 18 %.
Sin embargo, aún es temprano para poder evaluar si estos datos suponen un cambio de tendencia definitivo o un mero cambio puntual. De efectivizarse este cambio en los países con economías más vulnerables, puede implicar que millones de personas caigan en la pobreza”.
La mayor parte del dinero enviado por los emigrados, se destina a gastos corrientes como alimentación, ropa, vivienda y medicinas. Casi tres cuartas partes del dinero enviado por emigrados a América Latina y el Caribe sale de los Estados Unidos y España.
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