El presidente de Ancap se reunió por última vez con el gremio de la empresa

"Ache se fue por un lobby empresarial e ideológico"

El secretario general de la Federación Ancap (Fancap), Germán Riet, explicó que durante varios años, el gremio de los trabajadores mantuvo una relación fluida con Ache, efectuándose varias reuniones donde se analizaron los cambios que el presidente del ente de los combustibles tenía planeado realizar. El encuentro de ayer fue básicamente para realizar un balance de su gestión.

Tras terminar la reunión, Riet explicó que el gremio tiene preocupación «porque parece que Ancap está un poco a la deriva». Esto se debe a que aún no se sabe si Sanguinetti continuará los cambios planteados por Ache, aunque muchos de estos cambios no se realizarían.

Para Riet «Ache se va porque lo desautorizaron en cuanto a su estrategia hacia la empresa» y agregó que «la gota que desbordó el vaso fue la variación en cuanto al criterio para los contratos de distribución de Ancap». Como informara LA REPUBLICA, la distribución de combustibles se realiza a través de las multinacionales Shell, Texaco, Esso y DASA (Distribuidora Ancap SA). Esta última no pertenece al ente de los combustibles y es una empresa privada.

Al finalizar los contratos, la estrategia del gobierno es llamar a una licitación de interesados para participar en la distribución. Ache había firmado un preacuerdo con Repsol-YPF y DASA por el cual, una sociedad confrormada por las tres empresas, se quedaría con parte de la distribución. Pero esto no fue refrendado por el gobierno, quien pretende para Ancap un socio internacional, el cual sería Petróleos de Venezuela (Pedevesa).

La posición de Ache no iba en este rumbo, más cuando había firmado ya un acuerdo con Repsol. Una alta fuente del gobierno señaló a LA REPUBLICA que cuando se firmó el preacuerdo se le pidieron explicaciones al presidente de Ancap del por qué lo había hecho, ya que debería haber consultado antes. En el pensamiento de Ache, una empresa (ya sea pública o privada) se debe manejar como tal, buscando la rentabilidad, más allá de los intereses políticos. Y el preacuerdo lo había firmado en ese marco, pensando principalmente en una estrategia a largo plazo, ya que en el mismo se incluiría un canje de participación: Repsol ingresaba en la distribución en Uruguay y Ancap participaría de las estaciones de servicio que la multinacional posee en Argentina. Pero el acuerdo no fue refrendado por el gobierno.

La idea del presidente de Ancap, era que la empresa volviera al negocio de la distribución asociada con Repsol y DASA, pero no tuvo éxito y en parte fue desautorizado por haber firmado con un preacuerdo con ambas empresas. Eso lo dejó en una difícil situación ya que entendía que no tenía el control de la empresa en la cual lo habían colocado para que la dirigiera, creándose una situación que llegó a catalogar en círculos íntimos como «insoportable».

Para Riet «detrás de la ida de Ache hubo un lobby empresarial y también ideológico».

Nueva regulación

Otro punto considerado de importancia para los funcionarios de Ancap tiene que ver con el nuevo marco regulatorio, impulsado en el mensaje complementario de la ley de Presupuesto. Ahí se plantea la creación de la unidad Reguladora de Servicios de Interés Público (Ursip), que centralizará la Oficina de Planeamiento y Presupuesto. Mediante esta unidad se pretende la regulación de servicios tales como la electricidad y los combustibles. La medida le quita más poder a las decisiones que como empresa deba tomar Ancap, ya que pasa a depender del gobierno central. Será entonces desde la OPP en que se fijen las nuevas asociaciones de Ancap, inclusive en lo referente a la distribución. Esto tampoco coincidía con la idea de Ache de tener total independencia empresarial, para elegir sus socios.

Otro punto que no estuvo alejado de la renuncia de Ache es el referente a la política hacia los precios de los combustibles. Durante todo el año, fueron cada vez más frecuentes las llamadas desde la OPP solicitándole que aumentara los precios, principalmente por una cuestión impositiva, ya que las subas hacen recaudar más mediante el Imesi.

Y en más de una ocasión, el presidente del ente de los combustibles «frenaba» los impulsos recaudatorios y postergaba por una semanas los incrementos. Para Ache era fundamental separar una cosa de la otra. Inclusive propuso que se le fijara a Ancap por parte del Ministerio de Economía, cuánto dinero se quería que recaudara el Ente por año. De esta manera se dejaba de utilizar la variante precios, como forma de aumentar la recaudación impositiva. Este cúmulo de situaciones, más una gestión no tan buena en 1999 (Ancap cerró con una ganancia de U$S 9 millones, cuando recauda U$S mil millones por año), pusieron fin a la permanencia de Eduardo Ache al frente de Ancap, quien pasa ahora a la actividad privada y lucha por ser el presidente del Club Nacional de Fútbol.

Tal vez su gestión se puede resumir en una frase. Cierta vez, Ache comentaba su difícil situación frente a la más poderosa empresa pública uruguaya: «Debo de admitirlo. Me he ganado las críticas de la izquierda y la derecha. De la izquierda por ser medio liberal y de la derecha por no serlo tanto».

Quizá con un gobierno muy liberal como el actual, el final no era tan imprevisible.

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