Negociación. Jerarquía en la agenda oficial

Los textos nuevos de Doha

Esa negociación es abierta y encuentra a Uruguay un tanto desacomodado frente al juego de intereses múltiples que ya no permiten utilizar las alianzas clásicas de la negociación previa. Cairns, el grupo de los 20 ­ a los dos pertenece Uruguay­ o el de los 33, son ahora meras referencias de objetivos comunes muy desdibujados. Ello torna más compleja y difícil aún el programa del gobierno para enfrentar la etapa decisiva de Doha.

 

Los textos abiertos

Los dos documentos de «modalidades» para la negociación de ofertas, que cada país deberá ahora proponer, a fin de ir redactando un eventual acuerdo de cierre de la Ronda Doha, han sido publicados en Ginebra, disparando lo que se considera será el período más intenso de la negociación abierta entre 2000 y 2001. Los documentos presentados por los coordinadores del grupo de negociación agrícola Crawford Falconer, y el de la negociación de acceso de bienes industriales no agrícolas NAMA ­por su sigla en inglés­ Don Stephenson, han sido redactados, ya no como la opinión personal que caracterizó la redacción de los documentos previos de julio y agosto, sino como una expresión de realismo sobre lo que se puede finalmente firmar en esta etapa del multilateralismo.

Esos documentos han sido presentados simultáneamente posibilitando, por primera vez, una negociación conjunta e interdependiente de lo agrícola, con los otros temas pendientes o reabiertos últimamente, como la negociación de NAMA. Son en tanto una base de acuerdo que precipita toda la negociación y explica las cautas pero novedosas advertencias de Pascal Lamy, indicando que ahora, la posibilidad del cierre de Doha, vuelve a ser real y próxima. Según las primeras impresiones recogidas por LA REPUBLICA, de técnicos que han leído los documentos e informes que envía la representación permanente del país en Ginebra, esos textos no contienen grandes novedades. Y, en algunos casos, esas ausencias son también señales sobre las características que pudiera tener el cierre de un acuerdo muy complejo y altamente condicionado por factores extra comerciales: el resultado electoral en los EEUU y la posibilidad de que, los negociadores norteamericanos, cuenten, efectivamente, en el cierre, con el TPA o aval del Congreso que cayera en julio pasado, y sin el cual es difícil imaginar que puedan avanzar negociaciones. Ahora, todas las cartas deben ser abiertas sobre la gran mesa de trueque, que no puede tener disidencia alguna. En el documento base de la negociación agrícola, se advierte la permanencia de cualquier avance en lo que se denomina la «caja azul» o área en la cual se deben negociar las ayudas internas a los productores norteamericanos. Con las dificultades que ello supone para la negociación global, esa indefinición tan ostensible es leída como una precondición para la concesión del Partido Demócrata de un TPA al presidente Bush.

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