Pilotaje de emergencia

Tal cual es previsible también, la sucesión del ministro Astori llevará a ese lugar difícil a un técnico de excelente formación y un olfato político muy interesante, pero que no tiene detrás el respaldo político partidario de una de las fuerzas de mayor peso en el Frente Amplio. Sus acompañantes tampoco serán ninguno de los técnicos que con Astori han diseñado y ejecutado los cambios en el MEF y sus oficinas cercanas. Y si bien ese nivel de sucesión también parece estar asegurado convenientemente, el nuevo ministro no tendrá voces fuertes y rostros conocidos que lo respalden desde el edificio de Colonia y Paraguay. La administración del programa puesto en marcha por este gobierno es tan o más difícil que su propio diseño y principio de ejecución. Hay un aterrizaje próximo a una vivencia administrativa de los cambios que no tendrá el carácter épico de su promoción inicial. Esa gestión del cambio ya ha comenzado a procesarse en un escenario desconocido y delicado por las propias características que conlleva un crecimiento que ahora exige otro tipo de inversión y calidad en los ejecutivos y empresarios. Trabajar con pleno empleo masculino en una economía con restricciones fuertes de competitividad es un problema serio y desconocido en la historia reciente del Uruguay. Hay innúmeras razones para observar ese momento con otra atención. Hasta ahora, el gobierno ha vivido la confrontación presupuestal sólo marginalmente y en esos dos próximos trimestres la vivirá a pleno. Los equilibrios básicos no admiten voluntarismos o avivadas de utilidad electoral, provengan ellas desde dentro o de fuera del Frente Amplio. Tampoco parece razonable que detrás de un MEF apremiado en demasía deba desgastarse más la presidencia y el doctor Vázquez particularmente, tal cual le sucediera a las presidencias previas.

La sucesión del equipo económico se realizará en un entorno conflictivo, proyectado sobre una puja electoral que en ese momento comenzará a presentar características desconocidas, al menos, en lo que va de la reconquista de la democracia. Ni el equilibrio fiscal ni la calidad de las reformas va a resentirse porque esa instancia de desasosiego recaudatoria se extienda en otros plazos. De la misma manera, nadie debería negarse a considerar acuerdos más razonables e inteligentes para que esos meses de elevada irritabilidad social no se transformen en una plataforma de operaciones indeseables.

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