Los ejes de la discusión y los énfasis de la política
El gobierno ha logrado disminuir la expresión más brusca de la inflación y el registro de enero ha confirmado la pericia con la cual el Ministerio de Economía y el Banco Central utilizan los instrumentos disponibles cuando cuentan con la voluntad política suficiente.
Se le ha otorgado al programa la flexibilidad suficiente para contemplar la presión proveniente del exterior y una combinación de instrumentos fiscales y monetarios han permitido que en diciembre y enero la inflación tienda a situarse en una banda programa cuyo techo ahora ya no es del 6% sino del 7%. De cualquier manera, la perspectiva internacional es aún impredecible y de ella continuarán emergiendo riesgos elevados que nadie desconoce. A esos riesgos se le han agregado en la interna nacional factores que seguramente serán expuestos con más claridad en la comunicación que el viernes próximo librará el COPOM fundamentando sus resoluciones. Como se sabe el Comité de Política Monetaria del BCU se reúne desde octubre pasado con periodicidad mensual y tanto sus decisiones respecto a las tasas de interés como a su breve fundamentación han pasado a constituirse en las referencias más sustantivas y creíbles del análisis que expone el gobierno sobre la coyuntura y la perspectiva de la estabilidad económica en sentido amplio. Esos riesgos son similares a los que ya habían sido esbozados por el BCU en sus advertencias formuladas a inicios del año pasado, cuando la inflación aún no era un problema en la agenda política en ningún lado y tampoco en este país.
Esos factores internos están asociados a problemas estructurales que a ningún gobierno le es sencillo enfrentar y que a la izquierda le resultan particularmente difícil identificar. Ellos se concentran en las debilidades que tiene un modelo de crecimiento en el cual todo va bien mientras la competitividad externa de la producción dominante permite absorber costos y transferencias internas elevadas. Cuando aparecen las primeras nubes en ese escenario el modelo devela sus límites y la vulnerabilidad sistémica de la economía comienza a ser reconocida por las familias. La estructura económica del país, lejos de haberse modernizado en línea con una productividad creciente, debe asegurar ahora las consecuencias de una aspiración de redistribución mayor del excedente económico tan legítima como crecientemente riesgosa.
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