Crisis. Tranquilidad pese a la tensión

Uruguay enseña sus fortalezas

Pocos sillones permanecían vacíos ayer en los lugares de decisión financiera. Pese a que aún no es hora de adoptar decisiones fuertes y que el desarrollo fastuoso de la crisis se observa con inédita tranquilidad, se advierte la tensión del desconocimiento de cómo se ganarían posiciones más defensivas frente a una eventual progresión mayor de una crisis que ayer se instaló definitivamente en el área financiera europea.

El feriado norteamericano permitió unas horas de reflexión para que unos cuantos inversores y ahorristas nerviosos debieran postergar para hoy decisiones que, a diferencia de otras crisis, pueden ahora ser apresuradas, equivocadas y costosas. Tanto como la de apelar livianamente a la opción del cofre o sus símiles nativos.

Ordenes de cancelación de depósitos o inversiones realizadas fuera del país, por ejemplo. Paradójicamente, a diferencia de tantas crisis globales, los reductos a los cuales apelan los capitales nacionales colocados en los mercados globales son muy escasos y, para ciertos tipos de ahorristas, esos reductos se limitan exclusivamente a los títulos de deuda del gobierno uruguayo, especialmente aquellos emitidos en moneda nacional.

Correctamente, el Banco Central decidió ampliar esta semana sus licitaciones letras en unidades indexadas.

En el mundo nadie sabe bien que hubiera sucedido si el mercado norteamericano hubiera operado ayer. En otro sentido, el feriado desplazó el foco de la atención sobre Asia y Europa donde los coletazos del pánico fueron más acusados. Los equipos operativos de los grandes inversores y bancos globales trabajan en línea y cubren sus pozos de iliquidez utilizando todas las posibilidades del huso horario y la interconexión de los mercados. En ese sentido tan sólo, el operativo, la crisis enseña un panorama fantástico. Ahora, a diferencia de las últimas crisis ocurridas entre 1987 y 2001 se observa el desplome de los índices bursátiles pero se teme la insolvencia bancaria.

En Uruguay el mercado ha asumido plenamente la seguridad de los bancos nacionales o residentes regulados fuertemente con provisión de las garantías necesarias. Es el momento esperado: Uruguay está enseñando sus fortalezas. Algunas de las cuales son, naturalmente, dependientes de la capacidad de Brasil de salvar lo que es su test más exigente de su modernidad económica. En otras oportunidades el vecino tenía poco que perder frente a este tipo de crisis. Simplemente frente a ellas, se disponía a sufrir las consecuencias, socializando las pérdidas, interna y regionalmente. Ahora el vecino se mueve sobre un colchón mullido de reservas monetarias e institucionales. Desde nuestras propias disciplinas y equilibrios, los uruguayos nos jugamos parte importante de nuestra sustentabilidad en la capacidad de Brasil de aprobar este test y proyectarse definitivamente como el gran emergente. Y con él nosotros.

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