El problema central

El objetivo es estimular la elaboración profesional de proyectos de riesgo medido destinados a ser financiados en los mercados de oferta pública. Ello posibilitaría dotar al capital nacional y sus excedentes de instrumentos modernos y fiables de inversión que eviten su colocación externa, más rentable y segura que dentro de fronteras.

El tema está lejos del conocimiento público y es arduo de incluir en la discusión de políticas por la inexistencia de códigos y antecedentes históricos en el Uruguay. De cualquier manera, y aun con los costos que supone implementar políticas sin marcos de comprensión pública, en los últimos días se ha acelerado la búsqueda de medidas que serían implementadas antes de que la actual conducción cambie de timonel.

La urgencia de la discusión que se está produciendo en estos días en diferentes encuentros de autoridades de las Bolsas, los reguladores y algunos integrantes del equipo económico responsables de estimular la inversión y la transformación de las empresas, dista de las apetencias intelectuales y la abstracción de la discusión política.

El problema del desencuentro de las corrientes del ahorro y la

inversión productiva en Uruguay tiene raíces históricas y culturales, pero ahora su eventual transformación aparece como el prerrequisito capaz de asegurar la sustentabilidad del crecimiento y los equilibrios de largo plazo. Sin ello la acumulación del excedente productivo continuará saliendo del país, carente de instrumentos de inversión con rentabilidad y seguridades mínimas comparables con las que se ofertan en la mayoría de los países del mundo, incluyendo latinoamericanos. Esta visión «defensiva» que urge la implementación de cambios más audaces en esa zona de encuentro de la oferta pública de valores (emisión de deuda regulada por el BCU) y los destinos del ahorro nacional admite una visión «ofensiva» de la cual Uruguay aún está muy lejos: la capacidad de captación de parte de los flujos de capital que en el mundo buscan condiciones de seguridad y transparencia para ser invertidos en el desarrollo productivo. En la base de la urgencia para implementar los cambios existe otro problema que fuera insinuado en la dificultades que tenían las empresas nacionales para ser objetos de crédito hace casi dos años por el BCU: el alto riesgo de la derivación del ahorro público al financiamiento de empresas cuyos balances eran malos y sus proyectos profesionales de cambio inexistentes. Sin que el país entienda y use vehículos como el fideicomiso financiero el desenlace del «Uruguay Productivo» quedará expuesto a una simple contemplación pasiva del proceso de trasnacionalización de su aparto productivo y la canalización de sus excedentes hacia el exterior.

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