Fundamentos de las estrategias comerciales pos-Punta Cala
Estos se reunirán en Montevideo la semana próxima en oportunidad de la transferencia de la presidencia pro témpore del bloque.
Marcel Vaillant es profesor titular (grado 5) de Comercio Internacional e Integración Económica de la Universidad de la República (Departamento de Economía de la Facultad de Ciencias Sociales), donde realiza tareas docentes y de investigación. Tiene una vasta trayectoria nacional e internacional. Recientemente se publicó un trabajo suyo en la Serie de Estudios de Cepal sobre el proceso de integración en Sudamérica. Durante el período 2004 a 2006 fue consultor económico del Sector de Asesoría Técnica de la Secretaría del Mercosur. LA REPUBLICA consideró interesante hablar con él sobre distintos asuntos vinculados a sus campos de especialización que cobran una renovada actualidad en la coyuntura.
–¿Cómo evalúa los recientes anuncios referidos a que el gobierno uruguayo se encuentra explícitamente considerando la posibilidad de realizar acuerdos comerciales con terceros fuera del Mercosur y en particular la opción de relanzar la iniciativa de un acuerdo de libre comercio con Estados Unidos?
–Es natural que el país busque nuevos arreglos de las reglas comerciales que le permitan potenciar al máximo las oportunidades que se crean en virtud de los intensos cambios que se están procesando en la economía internacional. De algún modo manifiesta un grado de insatisfacción en relación al statu quo del bloque.
Hace más de un decenio que la política comercial del Uruguay, es decir aquella que regula las relaciones con la actividad económica del exterior, ha estado condicionada por el proceso de integración regional en el Mercosur.
En particular, estas restricciones han sido muy fuertes en todo lo que tiene que ver con el proceso de establecer acuerdos comerciales preferenciales con los otros países o bloques fuera del Mercosur. La idea de que los países del Mercosur quisieron poner en práctica fue la de la negociación en común. Sin embargo, los incentivos a firmar acuerdos con terceros demostraron ser muy distintos entre los miembros, al igual que la voluntad de perfeccionar una política comercial común.
–A ver, separemos un poco los temas para analizarlos mejor. Según entiendo, hay dos asuntos distintos. Por un lado se señala que se están procesando cambios a nivel internacional, sería interesante ser más precisos sobre cuáles son esos cambios que demandan una respuesta con una política comercial distinta.
–En efecto, me refiero a la onda actual que ha adoptado el proceso de globalización de la economía internacional, alentado por la dinámica del progreso técnico y la fuerte reducción en el costo de transporte de las ideas, los bienes, servicios y las personas.
Estos cambios han hecho crecer de forma sin precedentes el conjunto de la actividad económica que puede ser comercializada internacionalmente. Se han generado nuevas oportunidades de especialización comercial que algunos países en desarrollo se encuentran aprovechando. Esto genera una competencia sobre las inversiones y el comercio asociados a estos procesos globales.
Los costos de comercio en general dependen de los costos tecnológicos del transporte pero también de forma central de las políticas nacionales que discriminan a los bienes y servicios en función de dónde son producidos. Los gobiernos pueden actuar sobre los costos de comercio disminuyendo los costos de la política que impone la política comercial. Conforme los costos de transporte caen, las pequeñas diferencias en los costos de comercio tienen efectos amplificados sobre la localización. Paradójicamente, cuando los costos de transporte son menores, las diferencias que existan entre ellos entre distintos proveedores no tienen menos significación, sino más.
Uruguay, en esta etapa, está potenciando su geografía, sus recursos naturales, como otras ventajas de ser un país pequeño. En este sentido, ha logrado captar inversiones y procesos productivos tanto en la industria manufacturera como en los servicios que tienen una vocación de inserción global desde su propio origen. Es decir, el país está siendo escenario de fenómenos que son considerados novedosos a escala de la economía internacional. Entiendo que no hay antecedentes en la historia económica del Uruguay que encuentran evidencia similar a la actual.
–¿Podría dar algunos ejemplos para saber de qué estamos hablando?
–A nivel de la industria, se están produciendo nuevos productos de exportación, con procesos de producción desconocidos en el Uruguay, en plantas que tienen una escala de producción que las distingue no solo en el país sino en toda la región sudamericana. Por empezar por el más antiguo está el caso del jarabe para una reconocida marca de bebidas refrescante que produce para toda la región desde nuestro país.
El reciente desarrollo de la producción de celulosa y una planta de aceite especiales que se vincula más con la química fina que con la industrialización de oleaginosos. Por decir algunos ejemplos de memoria. Pero además los hechos más novedosos, y que tienen impactos nuevos en el mercado de trabajo, se refieren al desarrollo de sectores de servicios orientados a la exportación que están creciendo de forma intensa en los últimos años. Me refiero a los servicios de logística, a los servicios profesionales a las empresas, al software y el sector audiovisual, por nombrar algunos de los más novedosos. Se trata de una onda nueva, asociada a la fragmentación de la actividad económica, no sólo dentro de las fábricas sino al interior de las oficinas. Es lo que se conoce como comercio de tareas.
–Volvamos al Mercosur y sus problemas que fue el segundo punto que mencionó en su primera respuesta.
–El problema aquí esta planteado en términos de deterioro de la credibilidad del bloque. Se ha instalado un síndrome caracterizado por el hecho de que se declara de una forma, se acuerdan normas concretas, que deberían comprometer las políticas, que van en otra dirección y finalmente cada gobierno ante sí hace lo que le parece más conveniente, sin tener en cuenta mayormente los compromisos contraídos en común.
Ejemplos sobran, el ingreso de Venezuela al Mercosur, la liberalización en servicios, el protocolo de compras de gobierno, el de políticas de competencia, el perfeccionamiento de la política comercial común. Todos son asuntos inconclusos que entran en conos de sombra interminables. No se sabe dónde se está parado, esto genera una falta de credibilidad que tiene efectos en el desempeño del bloque.
Desde los ámbitos de gobierno del Mercosur se insiste con que se trata de un proceso propio sui generis, que no debe ser evaluado en términos de otras experiencias internacionales en materia de integración, en particular el caso europeo. Sin embargo, es difícil inventar de nuevo asuntos que ya están inventados o buscando estados desconocidos para situaciones archiconocidas. Si se quiere negociar en común con terceros hay que tener una política comercial común, no hay otra opción, esto implica una cesión de soberanía de cada miembro hacia el bloque. No existe otra forma de hacerlo. Es necesario aclarar definitivamente este asunto y dejar de autoengañarnos respecto de este tema como de otros. El Mercosur debe jugar el juego de la sinceridad inspirado en la siguiente máxima: creer en lo que acuerda y acordar en lo que se cree.
1 //www.eclac.org/cgi-bin/getProd.asp?xml=/publicaciones/
Te recomendamos
quejas
Empresarios reclaman ante OIT que Consejos de Salarios no fijen las condiciones laborales
La inclusión de Uruguay en la lista negra de la OIT (ya había ocurrido en 2019) responde a una queja empresarial por la ley de 2009. Mientras el gobierno la califica de “desmesurada”, el ministro Juan Castillo destaca el valor del diálogo...
Compartí tu opinión con toda la comunidad