Cuando termina 2007. ¿Balances corrientes o emergencia de los nuevos temas?

La otra discusión de fin de año

La salida de Astori tornará un poco mas interesante la discusión de cuál será el diseño que el equipo económico con algunos acuerdos pertinentes en la interna frenteamplista intentará dale a esa transición.

Sabiéndola ubicada ya en un tiempo diferente al de la ebullición del crecimiento. En ese escenario los riesgos no devendrán esencialmente del conflicto pasado-presente, sino de la capacidad de continuar distribuyendo en las proporciones actuales con estabilidad relativamente asegurada a futuro. El enfoque del análisis es diferente. Y ahora adquieren otra ponderación en el análisis de riesgo los factores de la política y la capacidad de sus gestores. Ese análisis se llena en tanto de casilleros en los cuales aparecen signos de interrogación o puntos entre paréntesis que requieren respuestas que no son fáciles de proveer.

 

Plataformas de futuro

Quizás este sea el punto más interesante de una conclusión primaria para los balances de fin de año: la dinámica impulsada por la salida a la crisis financiera, cambiaria y de deuda en 2002-2003 y multiplicada por los cambios políticos y sociales inducidos a partir de 2005 ha generado una plataforma sobre la cual nadie puede actuar penando con libretos escritos en la precrisis.

Comenzando por el análisis de riesgo y oportunidades. Sencillamente es una tontera gastar la escasa materia gris disponible en discutir la evolución futura de los precios relativos o, el concepto de potencial de cambio real de la sociedad a partir, exclusivamente, de si el gobierno obtendrá o no el equilibrio global de sus cuentas o si los trabajadores habrán logrado o no obtener una porción mayor del ingreso nacional.

Temas pertinentes y relativamente útiles para el tiempo de los desequilibrios; pobrezas del presente similares a enfrascarse en la discusión 4.5% del producto a la educación sin tener los mínimos consensos de en qué se gastarían esos trescientos o cuatrocientos millones de dólares más volcados a la enseñanza. Esa discusión debe procesarse en los ámbitos en los cuales, el potencial de conflicto que emana naturalmente de la oposición de intereses se procese en forma. Uruguay, como país, está instalado ahora en otro nivel de problemas y dilemas que no admite la redundancia en temas que dispersan y complican demasiado.

 

La estabilidad es la partera de la nueva historia

Ahora es preciso agregar más datos y respuestas en esos casilleros vacíos. Ahora, probablemente, esas respuestas sólo puedan ser provistas imaginando que se pueden laudar conflictos históricos que la sociedad uruguaya no tuvo tiempo ni posibilidades de enfrentar en los años del autoritarismo, la violencia y la reestabilización.

El enorme salto que en una perspectiva de futuro es posible reconocer en este país es la existencia de un atisbo de estabilidad en sentido amplio desde la cual imaginar realmente que se puede actuar con propiedad sobre el futuro. Este concepto de estabilidad requería el diseño de la salida del 2002-2003 y su éxito, más el requisito obligatorio de comprobar si otras ideas y actores políticos ­equivocadas o no, eso es lo de menos- podían ser admitidos en marcos de tolerancia y cambio. Sin que el principio de justicia ralwsiano que explica la inevitabilidad de la democracia representativa, fuera demasiado dañado.

 

Talento y responsabilidad frente a lo nuevo

No por casualidad esa otra discusión comienza a aparecer cuando los temas del desequilibro que esgrimen los actores menores ya aburren y saturan. No hay razón para imaginar cambios dramáticos en el entorno de la economía, ni por sus variables específicas ni por el tipo de articulación internacional que el país tendrá en el futuro próximo. Las reformas que el gobierno ha podido encaminar continuaran procesándose sin que de ellas y en lo inmediato surjan impactos decisivos. Ni en materia financiera ni en el reformismo inicial. Los impactos financieros ya han sido descontados de alguna manera por el mercado y aquellos que se deriven del trámite de las reformas no van a agregar demasiado al ambiente de conflictividad en el cual se procesaran los acontecimientos.

Los representantes políticos que ahora alternan en el gobierno tienen responsabilidad de administración o ejecución de presupuestos admitidos, sean estos financieros o sociales y políticos.

Pero en países y circunstancias como las que enfrenta Uruguay en la actualidad, esas elites son decisivas en la promoción y administración de esos otros presupuestos emergentes.

En EEUU prospera hoy la sospecha que los elencos de gobierno y sus adjuntos académicos del poder han renegado explícitamente de habilitar y administrar esa discusión mayor inherente a los nuevos escenarios; aquella que los norteamericanos laudaron en los albores de su independencia y la construcción original de su institucionalidad.

De allí deviene el riesgo mayor, ese es el grito desgarrador de Lions for Lambs, la formidable película de Redford.

Aquí nos enfrentamos a un dilema esencialmente similar: ¿hasta cuando la estabilidad puede aguardar a la razonabilidad social activada en una discusión más ambiciosa? ¿Emergerán o no del gobierno y del resto de los elencos de poder los auspicios necesarios?

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