ES POSIBLE QUE LA SUBA DE PRECIOS SEA DE 9% EN EL AÑO

El riesgo de transformar e incluir con inflación

La principalidad de una institucionalidad más fuerte y fundamentada, la razonabilidad de la reivindicación social y mínimas estrategias de estado para resolver problemas concretos deberían ser propiciadas con urgencia, antes de que el gobierno deba lidiar con desequilibrios más serios.

La inflación permanecerá en suspenso durante noviembre y es probable que en diciembre el país finalice el año con un registro relativamente honorable, del 9% en un mundo que vuelve a estadios de inflación mayor. Afuera la admisibilidad de los desequilibrios es mayor; «los fundamentos» aceptarían el transcurso de un período de reestructura del mercado global y reorganización financiera con mayor variabilidad de los precios relativos de lo deseable. Entre otras razones porque ésta parece ser la vía, elegida por defecto, para integrar definitivamente a China al mundo, incluyendo la realidad del salario y las relaciones del consumo de casi un tercio de la humanidad.

En el centro de esta reestructura de enorme amplitud y considerable profundidad, las instituciones que el mundo había construido desde la posguerra para prever y resolver desequilibrios extremos viven su propia reestructura, trasladando a los reguladores nacionales responsabilidades novedosas. En la transformación global, de fronteras abiertas al capital y una intensidad mayor del comercio, tener o no fuertes reguladores nacionales comienza a ser un desiderátum de vida. Cada vez menos la suerte de los países depende de sus ventajas competitivas tradicionales. Los países crecen y se desarrollan en función de otro tipo de diferenciadores. Hasta hace muy poco los ratios de inversión y ahorro nacional en relación con el producto eran el punto de partida de un círculo virtuoso de crecimiento y desarrollo. Ahora el ahorro y la inversión nacional son condición deseable pero ni son suficientes ni parecen principales frente a una vorágine de inversión directa distribuyéndose en el mundo con su propio herramental de tecnologías y vínculos comerciales. Esta es una perspectiva de escenarios complejos, increíblemente atractiva desde cualquier enfoque de las ciencias sociales o aun de aquellos más vinculados al relacionamiento íntimo del hombre con sus iguales o a lo absoluto.

 

Entornos y nuevas brechas

Empero, los uruguayos tenemos preocupaciones más inmediatas. Hemos perdido demasiado tiempo para poder observar cómo se procesará la articulación de este paisito con ese mundo nuevo, en el cual ya el gap no se abre con el norte sino con todos aquellos que han logrado entender las claves de lo nuevo. En los últimos tiempos esa brecha se ha profundizado para Uruguay en su misma frontera Este. Aun en sus dificultades de democracia joven y fenomenales desequilibrios, Brasil ha incorporado a su potente estrategia internacional una política de institucionalidad fuerte que nadie osa discutir en la compleja vida política del vecino. La vieja cultura de la corrupción y el menosprecio de las reglas de juego que comentábamos los uruguayos hace no más de quince años, ha dejado paso a otro tipo de autoexigencias nacionales, muy vinculadas por cierto con los desafíos que ahora emergen desde una política comercial que obliga a hacer las cosas de otra manera. Sin embargo allí también el déficit continúa siendo institucional y tiene que ver con la debilidad de los reguladores. La excepción es, precisamente, el Banco Central. Y la prueba del nueve es la tranquilidad relativa con la cual Brasil enfrenta, a diferencia de China, por ejemplo, ese escenario de turbulencias en el cual vivirá el mundo los próximos años. Mientras China lidia con sus fenomenales desequilibrios, temerosa de provocar mil incendios cada vez que tiene que aumentar un cuarto de punto sus tasas de interés y mira con pavor los efectos sociales de una inflación que se aproximó al 7% en setiembre, Brasil mantiene sin problemas una tasa del 11% frente a una inflación que se elevó ahora al 4,5%. Irrisoria pero válida comparación a estos efectos: Uruguay se parece más a China que a Brasil en estas lides.

 

Razonabilidad mínima

Todo esto tiene que ver con esa articulación nueva con esa globalidad turbulenta hacia la cual marcha Uruguay en la actualidad. Los márgenes para corregir errores o efectos indeseables de errores ­la indexación creciente, por ejemplo­ se agotan. Las tasas de interés continuarán elevándose y el crédito será más selectivo. En ese camino Uruguay debería concentrar los escasos recursos de su inteligencia política en construir políticas más humildes y realistas. Entre ellas acordar, si no políticas, al menos mínimas estrategias de Estado para desenlaces críticos. Que ello no supone por cierto renunciar a la inclusión y a niveles de cohesión social mayores. A todos los argumentos conocidos que reclaman razonabilidad y cordura en la reivindicación de derechos respetables hay que sumar ahora otro y decisivo. En esos escenarios nuevos hacia los cuales vamos, transformar e incluir con inflación elevada es una práctica de riegos desconocidos y cuyas consecuencias un gobierno de izquierda no sabe ni seguramente quisiera administrar. *

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