¿DE QUIEN ES LA MANO SANTA?

Más que en área monetaria, las decisiones del miércoles tendrán efectos políticos

Ese es un interrogante obvio, abierto luego de que en la tarde del miércoles se conociera la decisión del Comité de Política Monetaria del Banco Central del Uruguay (BCU) aumentando en dos puntos porcentuales la meta en la cual intentará mantener la tasa diaria de las transacciones interbancarias.

La medida es muy fuerte por sus consecuencias sobre los flujos de pesos que tendrá el mercado de ahora en más. Pero es más fuerte aun como reveladora de una decisión que obviamente el Banco Central no iba a adoptar por su propia iniciativa y a riesgo propio en las actuales circunstancias políticas del país. De un día para otro el BCU resolvió llevar esa Call del 5% al 7%, lo que supone determinar que luego de cinco años esa tasa dejaría de ser negativa frente a la inflación esperada. Naturalmente en el área del manejo monetario diario, al propio Banco Central se le plantea una situación de mucha exigibilidad.

Es cómo si a los encargados de cuidar que el mercado tuviera diariamente la cantidad de pesos necesarios pero no más, se les hubiera concedido, de pronto, una enorme aspiradora industrial para sustituir a la remolona máquina casera que tenían a su disposición.

En esos niveles de contracción de la liquidez y con un sistema bancario desacostumbrado a una articulación muy precisa con el mercado y el regulador, los riesgos de caída del precio del dólar y el aumento de las tasas de interés en el mercado de letras y notas suponen un fenomenal desafío profesional y político institucional para el BC.

En el comunicado en el cual el Copom dio a conocer la medida se anuncian algunas garantías mínimas de asistencia a los operadores financieros desenfocados a los efectos de asegurar que no haya desastres grandes que pudieran obligar al BCU a retraerse de la decisión tomada. Aumentan las facilidades crediticias a los bancos con problema de cierres diarios en sus posiciones, agregándosele una modificación del régimen de cálculo de los encajes que las instituciones deben mantener en el BCU.

A la vez se dispuso poner en práctica a partir del 16 del corriente de un mecanismo de extensión de los plazos de liquidación de las operaciones mayoristas en dólares a cuarenta y ocho horas, que si bien había sido anunciado un mes atrás aún no ha sido puesto en práctica. En suma, a la vez de comenzar a aplicar frenos muy bruscos a la expansión de los medios de pago, el BCU indica que va a acolchonar como pueda los bruscos golpes que se producirán en el mercado de pesos y en las oscilaciones diarias del precio del dólar. Es intención declarada del gobierno impedir que la previsibilidad de sus movimientos en el mercado del dólar aliente operaciones especulativas que contraríen la intención de las medidas que, precisamente, buscan eliminar la elevada incertidumbre actual. Dado lo cual deberían sentirse los errores de especulaciones fallidas. Empero, el Banco Central intentará que los errores en el cálculo de liquidez, etcétera, no generen demasiados problemas para un sistema bancario que no está preparado para trabajar en un escenario de cambios de reglas tan bruscos. O que, a veces, confía demasiado en algunas debilidades del regulador en el contexto político en el que éste actúa.

 

A jugar con fuego

Esta última mención a las dificultades que tendrá el propio Banco Central para cumplir su misión en el nuevo escenario es pertinente, porque quizá no fuera éste el ritmo de contracción tan brusco que el Directorio o los servicios del banco hubieran deseado como marco diario para la evaluación pública de la calidad y potencia de la política monetaria. Esta hipótesis se extiende a la observación de un Ministerio de Economía al cual tampoco le será sencillo bailar en este escenario.

Ello no supone que el BCU y el MEF no compartan la pertinencia técnica de enfrentar la inflación con una contracción monetaria como la que determinará la medida del miércoles. El problema es que, probablemente, ni el BCU ni el MEF estuvieran realizando el mejor análisis de lo que es posible hacer profesionalmente con la economía con la sustentabilidad política necesaria cuando las aguas llegan al umbral de riesgo al cual llegaron.

 

Cirugía fina y contingencias

Más allá de las especulaciones de este tipo ­muy sugerentes en varios sentidos­, la decisión de un regulador ha puesto en marcha un escenario diferente porque, además de contracción y riesgos monetarios y cambiarios, lo que se ha generado es una señal de habilitación para que el Estado inicie una experiencia de disciplinamiento fuerte. Algo así como «esto es lo que hay que hacer para evitar cualquier especulación que aumente los desequilibrios y nos enfrente a riesgos que no estamos dispuestos a correr». Lo que supondría que el gobierno dispone de un plan de contingencia muy bien pensado para enfrentar a los perdedores en un proceso de reestabilización acelerado. De lo cual se desprende que si el precio del dólar tiene que caer, caerá, que se bloqueará la indexación salarial, que no habrá riesgos fiscales de ninguna naturaleza y que todas las instituciones bancarias han sido formalmente invitadas, sutil pero firmemente, a mejorar su gestión. ¿Existirá realmente ese plan? Y sobre todo, ¿a quién y cómo se le habrá ocurrido promover señales de esta naturaleza antes de que comience el desparramo preelectoral? *

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