La periferia y Uruguay vuelven su atención sobre los impactos del ajuste norteamericano
Empero, esa discusión ha adquirido en los últimos meses características de urgencias y tensiones no usuales. Es global, cruza la política y la economía en matrices más ordenadas y, sobre todo, ahora es explícita en el señalamiento de los riesgos que corren los equilibrios logrados en la segunda mitad del siglo pasado. Ello, además, incorpora datos de cadencia prácticamente diaria, como los generados por la sospecha reactivada el viernes en cuanto a que la máquina del consumo norteamericana podría haber sido dañada más de la cuenta por la caída de las garantías hipotecarias y los precios de la propiedad.
Los organismos multilaterales se enfrentan a lo nuevo con dificultades institucionales y técnicas para evaluar los cambios. Las calificadoras de riesgo tienen sus matrices desbordadas de factores de difícil ponderación y comienzan a sufrir el impacto de las demandas de mala praxis en la calificación del riesgo. En ese entorno de incertidumbres y volatilidad, emerge una nueva humildad del pensamiento y las proyecciones. La excepción revulsiva es la que nuevamente introduce Alan Greenspan (ver recuadro en la sección). La dispersión en las respuestas a las previsiones de las grandes novedades es cada vez mayor. Los promedios simples y muchas de las medianas son incapaces para recoger con fiabilidad mínima las anticipaciones usualmente utilizadas por los operadores más profesionales de los mercados. Sin embargo, hay algunas certezas. Una de las principales es que la fortaleza institucional del norte ha comenzado a resquebrajarse y que los «fundamentos» de la economía, aun existentes, amenazan con diluirse rápidamente.
El impacto norteamericano
En los últimos días la volatilidad de los mercados parecía haberse diluido, luego de que la Reserva Federal el Banco Central de EEUU pareció sobreponerse a la debilidad inherente a una conducción más «académica» que la que le imprimieran Paul Volcker y Alan Greenspan en el transcurso del cuarto de siglo previo (la época de las grandes crisis). De alguna manera Ben Bernanke pudo comunicarle a los ciudadanos y mercados que la estrategia que adoptaría la FED respecto a la crisis de solvencia del sistema bancario y su extensión a los mercados de valores y derivados, sería prescindente del violento juego del poder que anima a EEUU en estos momentos. Repúblicanos y demócratas, por razones de oportunidad o filosofía política, habían recreado sus presiones sobre las futuras decisiones de la FED, enrostrándole a su nueva conducción una indolencia o retraso en señalizarle al mercado que, sobre todas las cosas, lo que EEUU no se podía permitir es una caída libre hacia la recesión, riesgo multiplicado una semana atrás, cuando se informó que la creación de trabajo en agosto había sido negativa por primera vez en los últimos cuatro años.
De alguna manera, la FED capeó el temporal dosificando su asistencia al sistema bancario en sus zonas más riesgosas, sin impedir que los jugadores más descalificados en el mercado hipotecario y algunos de sus fondos de riesgo vinculados debieran acogerse a la ley de quiebras y despedir a decenas de miles de trabajadores.
Sin embargo, esa asistencia fue cauta y comprensiva del riesgo que suponía inyectar más dólares en un mercado expuesto al juego global de la competencia. También la FED logró convencer a la mayoría de los analistas y operadores del mercado que el martes bajaría su tasa overnight en sólo un cuarto de punto, llevándola al 5%, en oposición a las demandas de las grandes corporaciones industriales y una serie de políticos, que exigieron públicamente señales más contundentes para aventar definitivamente el riesgo de la recesión. Hasta allí todo iba bastante bien. Los capitales volvían a los mercados de valores disminuyendo su demanda de bonos y el precio del dólar caía levemente.
Lo nuevo en la apertura semanal
Sin embargo, el viernes resurgieron las presiones sobre la decisión que deberá adoptar la FED el martes desde la lectura de nuevas caídas en los indicadores del consumo. Esos indicadores develaron que el consumo de las familias estaba creciendo más lentamente que lo previsto. Las ventas minoristas aumentaron sólo un 0,3% en agosto, contra 0,5% de incremento en julio. El mercado aguardaba un número mayor al de julio pero la realidad disparó nuevamente la discusión sobre cuál es el grado de arrastre que podría tener sobre los equilibrios una caída mayor del consumo si es que los efectos de la crisis de la industria hipotecaria e inmobiliaria erosionan en mayor grado aun las garantías del endeudamiento de las familias. Importa señalar que esa especulación disparada el viernes no sólo comprende los equilibrios internos sino que se traslada al escenario global. Los grandes fondos conocen perfectamente la correlación estrecha que ha existido en la última década entre el aumento del consumo norteamericano y el ahorro periférico. De tal manera, en el inicio de la semana la especulación global afectará los mercados y, probablemente, castigará nuevamente a las economías más vulnerables. El martes, la FED comunicará sus decisiones con una minuta breve, referida a su informe sobre los fundamentos de las decisiones, que se conocerá en dos semanas más. Probablemente ese informe, más que la decisión específica sobre la cuantía de la disminución de la tasa de interés, sea uno de los documentos más aguardados para la adecuación de los programas de los gobiernos y las conductas de los fondos y empresas. *
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