Los trabajadores procuran mantener la recuperación de sus ingresos
En la medida que Uruguay parece volver a estadios de desequilibrio, la utilidad de las señales que emergen sobre la variación de los precios relativos comienza a inducir visiones diferentes sobre los procesos que esas señales indican. La tensión que en escenarios de desequilibrio progresivo se establecen entre las autoridades encargadas de velar por la estabilidad y los equilibrios, heredados o anhelados, y los sectores de poder que, legítimamente, pujan por mantener o mejorar su capacidad de obtener parte de la renta disponible, es una de las características de estos procesos. El riesgo de la inflación ya no se puede observar sólo como una restricción a la toma de decisiones de inversión o la variación de la capacidad adquisitiva de la moneda nacional y, en tanto, de salarios, jubilaciones e ingresos nominados en moneda nacional. La inflación es un sobreprecio que cobra el Estado, un impuesto antidemocrático y sin control legislativo que pagan quienes no tienen capacidad de resguardar sus ingresos. Pero por sobre todas las cosas la perspectiva de una inflación fuera del programa, instituye un escenario de confrontación que comienza a dominar todo el escenario del quehacer nacional. Uruguay está en ese camino hace desde principios de año, cuando la inflación anualizada comenzó a salirse de la banda programa cuyo techo era y es aún el 6.5%.
Una de las señales de lo que sucede en el nuevo escenario es la que aporta el resultado de la negociación salarial. El viernes, el INE dio a conocer los índices de los salarios correspondientes al mes de junio, el mes previo al ajuste de los salarios privados. La negociación está aun en procesos y es motivo de atención particular del equipo económico y el BCU. Es probable que el aumento real del salario privado exceda la pauta con la cual se han formulado los programas y proyectos a nivel público y privado e importa en tanto observar en una perspectiva histórica la evolución del salario medio real, público y privado en el proceso que, desde la crisis abierta con los imputs externos y la devaluación brasileña en particular hasta el presente, pasando por el abismo de 2002. La gráfica adjunta es elocuente al respecto pero, esencialmente, indica un proceso de recuperación del salario real presidido por la capacidad de negociación de los trabajadores públicos que es seguida desde cierta lejanía por los trabajadores privados.
Contemplando la estacionalidad de los ajustes del salario público y privado, más allá de las diferencias en la capacidad de recuperar capacidad adquisitiva interna y externa de los dos grandes grupos de salarios, quizás lo que más importe observar es el momento de la tendencia y los vínculos que tienen los registros con el contexto de los diferentes momentos de recuperación y caída de ambos salarios.
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