El gobierno decide anteponer la estabilidad al juego preelectoral
Ellas constituyen un típico caso de cómo, de pronto, aparecen en el mercado precios que advierten sobre la existencia de realidades nuevas. Este es uno de esos momentos. Y más allá de lo costosas que son, esas oscilaciones indican que de aquí a un tiempo incierto, el gobierno intentará adelantarse a escenarios en los cuales le resultará más difícil actuar para convencernos de que esta realmente convencido que entiende cabalmente el valor de la estabilidad como principio del cambio.
Este es el momento y uno quisiera creer que llegados aquí, este gobierno entiende realmente cuál es su principal e irrenunciable tarea concreta. Insistir en que el triunfo de la estabilidad habilita los cambios en la seguridad, la educación, la salud pública debería ser redundante. Pero es así. Naturalmente que no es posible entender esto si uno está sumido en la observación de juegos de otra naturaleza; por ejemplo, los que protagonizarán entre si los políticos en estos dos próximos y largos años. Estas confrontaciones de la puja de la representación son inherente a la democracia y deberían, compadecidas de la importancia de la batalla mayor, contribuir a fortalecer los alicaídos partidos políticos, base del sistema. Pero en este país el juego será opuesto.
Esa confrontación menor, de mala política, imposibilitará en poco tiempo que las instituciones responsables de asegurarnos la estabilidad y la sustentabilidad del crecimiento puedan actuar con la relativa comodidad de hoy.
Dificultades
En la comprensión de cómo funcionará esto de aquí en más, da la impresión que la presidencia irá indicando los límites que tiene la puja por la representatividad futura cuando éste atenta contra el bien público. Dicho de otra manera: el núcleo duro de la presidencia irá despegándose más de una fuerza política en la cual los incentivos de la diferenciación entre pares será progresivamente mayor a los estímulos de mantener la unidad tras un programa que, ahora, debe reivindicar la estabilidad como tarea central de su propia sustentabilidad.
Esto no será sencillo dado que, además, ahora la renuncia del Dr. Vázquez a una eventual candidatura deja al Ministro de Economía en una situación extremadamente débil en la conducción práctica de esa batalla principal. Dado que prevalecerán los estímulos de la diferenciación en el seno de la fuerza de gobierno, cada reclamo popular será multiplicado y utilizado con una suma de efectos, obviamente confrontada a la delicada tarea de estabilizar precios que hace seis meses están creciendo por encima del compromiso preanunciado. La permanencia de esos dos puntos de inflación mayor a la preanunciada formaliza la institución de un impuesto millonario al trabajo y las pasividades en el cual nadie parece reparar y que, por lo contrario, muchos parecerían querer utilizar en el juego.
Anticipación
Dado como están las cosas, cuando los trabajadores entiendan como la inflación destroza la oportunidad del cambio será tarde. La puja representativa habrá llegado al paroxismo electoral y el programa del cambio habrá sido expuesto a su riesgo mayor: el de la especulación con el defecto de los contratos y la calidad del propio contrato que regula esa puja de la representación. La sospecha que el gobierno de la izquierda pudiera perder esa batalla por la estabilidad ha sido enfrentada en estos días con varias acciones y gestos arriesgados. Las resoluciones del Comité de Coordinación Macroeconómica y el Copom de la semana pasada antecedidas por el Presidente de la República conformarán algo así como un andarivel cerrado en el cual debe andar la economía en los próximo dieciocho meses: inflación anual comprendida entre el 4% y el 6% – exactamente la misma que la de un solo semestre en la actualidad. Y para ello, además de un disciplinamiento fiscal mayor, ese blindaje cuenta con que el Banco Central, aún en su debilidad estará en condiciones de disminuir el aumento de la cantidad de pesos disponibles casi a la mitad del nivel actual (9% vs. 17%). En esta perspectiva, obviamente, se ha desatado una especulación con las tasas de interés que el BCU informa estar dispuesto a controlar y revertir. Es esperable que los efectos de las decisiones de la semana pasada hayan sido meditadas y, seguramente, el Dr. Vázquez ha sido enterado convenientemente de cómo serán esas batallas diarias que el BCU y el MEF deberá librar con el mercado en la defensa de la sustentabilidad de todo el programa del gobierno de la izquierda.
Apelación a la racionalidad obrera
Los ciudadanos iremos leyendo las señales y el discurso intentando entender si la estabilidad se afirma o debilita. El precio del dólar será una de esas señales dado que las tasas de interés son más difíciles de seguir, tanto como la evolución de los medios de pago. Si las cosas van bien en la batalla mayor, habrá oscilaciones fuertes del dólar, probablemente en una tendencia de caída que generará una mayor rispidez con los sectores rentistas y agroexportadores. Los malos empresarios intentarán usar la amenaza del paro y la desocupación como moneda de cambio. En este delicado escenario que adviene, una de las interrogantes principales tiene que ver con cómo ha previsto la presidencia hacer lo que el Ministro Astori pareció intentar con su presencia en FOEB la semana pasada; explicar el valor y los fundamentos de la estabilidad en una perspectiva de cambio apelando a la comprensión y la racionalidad obrera.
Esos movimientos le serán bloqueados a Astori rápidamente pero es probable que el Presidente encuentre en ellos su máximo aporte posible en estas circunstancias. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad