EL CAMINO DE FORTALECER LAS ENTIDADES LOCALES

Herramientas sociales que antes eran destruidas hoy son promovidas

En ella han venido trabajando, desde hace décadas, actores que buscan tejer en la dificultad, alternativas al modo tradicional de producir del hombre de campo uruguayo: un tejido hecho con trabajo y con valores como la solidaridad, el objetivo común y el interés por el otro.

El 80% de los productores rurales de nuestro país son familiares, la inmensa mayoría que sin embargo produce sólo el 20% del producto bruto agropecuario nacional. Tan tradicional como las muestras ganaderas han sido las experiencias que la gente del campo ha ido armando a lo largo de la historia para conseguir mejoras en su modo de producción y en sus familias, cientos de cooperativas y sociedades de fomento salpican la desierta campaña uruguaya y son la otra cara del mundo individualista del patrón de estancia tradicional. El ingeniero Gustavo Pardo es gerente operativo de Comisión Nacional de Fomento Rural -CNFR-. Hace 32 años que trabaja en el área técnica de la institución que representa a productores familiares de todos los rubros del sector agropecuario.

Pardo ingresó a trabajar en CNFR, antes de terminar sus estudios, cuando hubo un llamado a concurso con el que se dio origen al Departamento de Promoción Agraria de la gremial.

El mencionado departamento se instaló en el año 1974, y tenía como cometido «la organización o reactivación de sociedades de fomento del departamento de Canelones, a partir de programas de cultivo hortícola: se brindaba crédito, asistencia técnica y se aseguraba la comercialización. Eran cultivos como el ajo, la cebolla y tomate industria», recordó Pardo.

En ese momento se reactivó la gran mayoría de las sociedades fomento de Canelones y alguna de San José. Los planes incluso llegaron a otros departamentos como Paysandú, Salto, Durazno, Soriano, Colonia, Flores, Maldonado y Lavalleja.

 

Desde el origen

El técnico de CNFR explicó que «como producto de una crisis que tuvo todo el sector agropecuario, después de los años 60 muchas sociedades que habían sido fundadas en las décadas de los 20 y los 30 del siglo pasado estaban cerradas, sólo existían en los libros. A partir de ese programa que se inició con recursos de la Fundación Interamericana, se crearon programas de cultivo a los efectos de que la gente se organizara para rearmar las comisiones de fomento». Con ese movimiento, se generó una especie de revolución tecnológica en la horticultura, «eran productores que nunca habían visto una máquina de curar, nunca habían regado y ese tipo de cosas se empezaron a aplicar, tecnología que nosotros a su vez transmitíamos a partir de nuestros acuerdos con el INIA y con el INTA de Argentina», subrayó.

 

Individualismo

Ante una referencia en el tiempo, cabe la demanda sobre qué ha cambiado en el productor rural uruguayo. Al respecto Pardo opina: «Aunque parezca mentira, pasado tanto tiempo, si bien hay diferencia, con todo lo que tiene que ver con la adopción de tecnología, porque en eso se ha avanzado mucho, la situación de los productores no son tan distintas.

Ya entonces era bastante complicada, en base a trabajar siempre para un mercado interno. Nunca buscaban la forma de asociarse, ya que más bien competía uno con el otro. Siempre se miraba al vecino como un competidor». Pardo considera que esta forma de percibir el trabajo es uno de los problemas graves que tiene el sector agrícola y frutícola en este país, «competir por un mercado que incluso con el correr del tiempo se fue reduciendo por la disminución del poder adquisitivo de la población y todas las crisis», afirmó.

Sin embargo en otros sectores como la semilla fina y la miel se han conseguido avances y en esos rubros los productores «se dieron cuenta de que hay que juntarse. Ahora, en lo que es la parte de horticultura y fruticultura, lamentablemente, en el país todavía estamos muy complicados».

 

Reactivación

En la actualidad se está generando en el país un trabajo fuerte para la reactivación de muchas sociedades de fomento. A tal fin se han generado convenios con las intendencias de Canelones, Colonia, Paysandú y Salto. Desde 2005 se han reactivando una gran cantidad de sociedades de fomento, algunas que estaban cerradas desde hace años y otras nuevas.

Contó Pardo que para ello se articulan recursos de las propias intendencias y de los programas que tiene el MGAP como Uruguay Rural, Programa Ganadero y Programa de Producción Responsable, «después de tanto tiempo, este gobierno se ha mostrado bastante inquieto por estimular este camino que avanza con marchas y contramarchas por supuesto», dijo.

A juicio del gerente de CNFR se están logrando resultados importantes en lo que es la reactivación de sociedades de fomento. En el ejercicio 2006 se consiguió la reapertura de diez entidades de base y se crearon tres o cuatro nuevas, algunas cooperativas y otras sociedades de fomento.En este punto vale la comparación con lo que pasaba hace pocos años, estimó Pardo que «era al revés, el padrón social a partir de la crisis de los últimos años había venido retrocediendo.

A partir de la voluntad del nuevo gobierno, los acuerdos logrados, incluso los compromisos asumidos con algunos intendentes y con el Instituto de Colonización, hemos articulado esfuerzos en algunos departamentos que nos están permitiendo reactivar las entidades en zonas bastante aisladas como en Artigas y Salto».

 

Cara a cara

La importancia de la entidad local que trabaja cara a cara con la familia rural aparece en la visión que se está llevando adelante en la actualidad, Pardo consideró que «permanentemente veníamos pregonando esta idea, lamentablemente, en los gobiernos anteriores lo que hubo fue la voluntad de hacer desaparecer las organizaciones locales, un poco por los caudillismos, a nivel de las intendencias y del gobierno central los programas trataban de llegar a la gente pero no fortalecer las organizaciones locales».

Sobre la situación actual dijo que «este gobierno un poco ha prestado oídos a nuestro planteo histórico de que lo fundamental es que los programas se ejecuten a través de la sociedad civil y de sus organizaciones locales y que los programas tienen que servir para fortalecer a las organizaciones locales, y terminar de una vez por todas con el centralismo de Montevideo y todo el mecanismo aquel del clientelismo que sólo conseguía que el dinero de los programas se quedaran por ahí, que tuvieran una finalidad de corto plazo y que en definitiva no llegaran a la mayoría de los beneficiarios a los que tienen que llegar».

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